Cartagena, al borde del cambio: una alianza sin precedentes se juega la alcaldía el 2 de junio

Pocas veces una ciudad como Cartagena ha concentrado tanta tensión política en tan pocos días y vive esta semana uno de los momentos más convulsos de su historia municipal reciente: una moción de censura registrada el pasado lunes amenaza con cambiar el gobierno de la segunda ciudad de la Región de Murcia a un año exacto de las próximas elecciones. Y lo hace con una coalición que, sobre el papel, nadie habría imaginado posible.

MC, PSOE, Sí Cartagena y dos exconcejales no adscritos que hasta hace poco militaban en Vox han sumado las catorce firmas necesarias ante notario para impulsar la iniciativa. Si prospera, el portavoz de Movimiento Ciudadano, Jesús Giménez Gallo, se convertiría en alcalde hasta las elecciones de 2027. La votación está convocada para el 2 de junio a las 12:00 horas en el Salón de Plenos del Palacio Consistorial.

Pero entre el registro de la moción y el pleno hay trece días. Y en política municipal, trece días pueden ser una eternidad.

El pacto que nadie esperaba

Que antiguos cargos de Vox sean determinantes para entregar la alcaldía de Cartagena al PSOE y a Movimiento Ciudadano ha generado un enorme revuelo político y mediático. Los impulsores de la moción argumentan que Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo ya no pertenecen a Vox y actúan como concejales no adscritos, pero el simbolismo de la operación es difícil de ignorar: uno de ellos fue candidato oficial del partido de Santiago Abascal hace apenas tres años.

La alcaldesa Noelia Arroyo ha calificado la iniciativa de «asalto al Ayuntamiento por intereses partidistas y cálculos electorales» y ha advertido de que bloqueará el consistorio durante un año «poniendo de rehenes a los cartageneros». La propia Arroyo recuerda además que Giménez Gallo tuvo que devolver al Ayuntamiento 12.000 euros cobrados de manera indebida y que está denunciado por presunta falsedad documental.

Las grietas del bloque opositor

Lo más llamativo de esta crisis no es solo el pacto en sí, sino lo que está ocurriendo dentro de las propias filas que lo impulsan. En menos de 48 horas, tres figuras con peso e historia en la política cartagenera han salido a cuestionar públicamente la operación.

Ana Belén Castejón, secretaria general de Sí Cartagena y exalcaldesa de la ciudad, ha denunciado que la decisión de su concejal de sumarse a la moción se tomó «sin contar con quienes formamos parte esencial del proyecto y sin el mínimo ejercicio de reflexión colectiva». Lo ha llamado sin rodeos: un «pacto Frankenstein».

José López, exalcalde con MC entre 2015 y 2017 y fundador del partido, ha ido más lejos y ha advertido de que su formación está cometiendo un «error histórico». Su argumento es de fondo: MC prometió no pactar con quienes le dieron la espalda, y hacerlo ahora supone traicionar a los votantes que confiaron en una opción política independiente y coherente. Y ha lanzado una advertencia que resume el riesgo electoral de toda la operación: «Una moción de censura puede ganar una votación, y también destruir una credibilidad.»

A estas voces se suma María Dolores Ruiz, exconcejal de MC y actual edil no adscrita, que ha explicado a la Cadena SER por qué rechazó sumarse al pacto pese a recibir presiones durante meses: mantiene una querella judicial abierta contra Giménez Gallo y no estaba dispuesta a actuar con doble moral. «Yo no puedo votarle como alcalde y tenerle denunciado», ha afirmado. Y ha lanzado una advertencia que nadie en el bloque opositor puede permitirse ignorar: «Hasta que no vea a Giménez Gallo investido como alcalde, tengo dudas.»

Lo que viene

El candidato propuesto ya anticipa posibles maniobras de última hora y las nombra sin rodeos: «Espero que todo quede en el juego democrático y que no utilicen otro tipo de técnicas». El PP, por su parte, confía en que el acuerdo se rompa antes de llegar a la votación y trabaja contrarreloj para evitar el desalojo.

Cartagena tiene una cita ineludible el 2 de junio. Lo que ocurra ese martes a mediodía en el Salón de Plenos determinará quién gobierna la ciudad durante el año más decisivo de la legislatura. Pero lo que está quedando claro estos días es que, gane quien gane la votación, las heridas abiertas en el interior de cada formación tardarán mucho más en cerrarse.

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