Cartagena `desde la leyenda´: El monje de San Diego

Según las leyendas de la zona el que se aprovechó de esos pasadizos para defender la ciudad de Cartagena fue El Monje de San Diego, quien, de una manera muy peculiar, usó las conexiones entre las fortificaciones de los cerros, los túneles y los pasadizos “secretos” de la guardia real para llegar en muy poco tiempo a cada una de las linternas, encenderlas dando el aviso de invasión hacia el interior del campo de Cartagena e iniciar la primera línea de defensa de la bahía de los piratas. Cartagena fue saqueada de esta manera cientos de veces pero al menos una de ellas pudo evitar el ataque, y todo gracias a este monje guerrero.

Nos encontramos ante una esas historias llenas de aventura y que los ancianos de Cartagena cuentan a sus nietos. Una historia que se remonta hasta el siglo XVII y que se entremezcla con piratas, corsarios y clérigos… bueno, más bien un clérigo. Esta historia no pasaría de ser una simple leyenda de no ser porque, en más de una ocasión, son varias las personas que afirman ser testigos de las apariciones de nuestro particular monje. Pero antes de hablar de estos testimonios y de lugares en donde afirman haberlo visto conozcamos su historia.

Fig01. Linterna del Parque Torres, en donde comienza la leyenda

Corría el año 1615 y la zona del sureste peninsular era una constante batalla entre los piratas (ingleses y norteafricanos) ayudados por los judíos y musulmanes que recientemente habían sido expulsados de España y que habían encontrado refugio en Marruecos y Argelia. Por este motivo y como represalia ayudaban a localizar los puntos débiles de las costas españolas. Uno de esos lugares era la bahía de Cartagena que, si bien es cierto que debido a su orografía tenía una muy fácil defensa, no es menos cierto que, una vez adentrados en el puerto la ciudad, apenas tenía defensa. En la ciudad existían torres vigía que se comunicaban unas con otras (eran conocidas como “Achos”) a través de encendidos de fuego, hecho que revelaría un peligro inminente.

Un día salía nuestro personaje de una taberna de las que había en el puerto y pudo ver la silueta de un barco pirata. Normalmente atacaban la ciudad por la noche, por lo que tenía poco tiempo para avisar a las autoridades para su defensa. Nadie le creyó. Es por eso por lo que fue él quien comenzó a encender las cinco torres vigía que había en la ciudad por aquel entonces: una en el Cerro de la Concepción, dos en las laderas del Cerro del Molinete, una en Cantarranas y la última en el Cerro de San José, donde se encontraba la parroquia de San Diego, lugar en donde él era el párroco.

Cuando terminó de encender la última torre ya no quedaba tiempo para la reacción y se cuenta que la última vez que se le vio con vida fue empuñando una espada y una pistola de camino al puerto de Cartagena, en un intento desesperado y suicida por defender al pueblo que le dio techo.

Santi García, autor del libro Cartagena Legendaria

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