Hoy todo el mundo estaba pendiente del eclipse.
Sinceramente, yo no me había preocupado demasiado. Pero después pensé que, al fin y al cabo, era algo único. Algo que probablemente tardaría muchos años en volver a vivir.
Y decidí que quería verlo.
No necesitaba grandes planes. Una tarde de playa, algo para merendar, un baño y estar con los míos.
Ni siquiera teníamos gafas, porque mi intención no era quedarme mirando al sol. Quería ver el ambiente. Sentir cómo cambiaba la luz, cómo se hacía de noche a plena tarde, cómo reaccionaba la gente.
Y así llegamos a mi Mar Menor.
Ese que tanto nombro en Queridísima Vida.
Estaba a rebosar.
Hacía años… muchísimos años, que no veía mis playas así. Familias, amigos, parejas, niños corriendo, gente sentada mirando al cielo. De una punta a otra, el Mar Menor estaba lleno de vida.
En la fotografía he eliminado a las personas. No todo el mundo quiere aparecer en imágenes de desconocidos en redes sociales y, aunque estaban allí formando parte de aquel momento, creo que también merecen ese respeto.
No hemos sufrido largas colas ni grandes atascos. Cuando conoces tu ciudad y sus carreteras, más o menos sabes dónde ir… y, sobre todo, dónde no ir. 😂
Tampoco entiendo demasiado el revuelo alrededor del eclipse. Que si es malísimo, que si se desatan cosas, que si profecías apocalípticas, conjuros y todo tipo de teorías.
Yo solo quería estar allí.
Y vivirlo.
A mitad de la tarde se nubló y nos quedamos sin poder verlo durante un rato. Pero entonces ocurrió algo que me pareció mucho más bonito que cualquier fotografía del eclipse.
Empezó a oscurecer.
Y, de repente, la gente aplaudió.
Algunos se abrazaron.
Otros se metieron en el agua.
Y durante unos minutos, aquella playa parecía compartir un mismo sentimiento. Personas que no se conocían de nada, viviendo exactamente el mismo instante.
Unas personas que estaban a nuestro alrededor, al ver que no teníamos gafas, nos ofrecieron unas que llevaban de más. Y durante ese ratito, antes de que las nubes lo cubrieran, pudimos mirar con muchísimo cuidado aquel eclipse del que todo el mundo hablaba.
Unos segundos.
Nada más.
Pero suficientes para poder decir: «Yo estuve allí».
No sé qué hay detrás de todo lo que se dice sobre estos fenómenos. Y, sinceramente, tampoco me preocupa demasiado.
Quizá porque cada vez creo más en esto:
Hay momentos que no necesitan explicación.
Solo necesitan ser vividos.
Una tarde diferente.
Un cielo que cambia.
Un baño en el Mar Menor.
Una merienda.
Unos aplausos entre desconocidos.
Un abrazo.
Y los míos cerca.
Y otro recuerdo que se suma a tantos otros que ya guardo en estas playas.
Porque quizá la vida sea precisamente eso.
Ir acumulando pequeños momentos que un día, sin avisar, se convierten en recuerdos.
Y este ya es uno de los míos.
🤍…
#QueridísimaVida #MarMenor #Eclipse #Murcia #Vivir
Escrito por Marta García Selva.
