Convendrán conmigo en que las obras de infraestructura son factor indispensable para el crecimiento de la economía, así como el incremento de la competitividad. Facilitan el traslado de las personas y las mercancías y permiten que los servicios de educación, salud, seguridad pública, que son fundamentales lleguen a todos con calidad y eficacia. 

Poco puedo decir sobre el impacto de las infraestructuras en el desarrollo económico de una zona, en momentos de desaceleración económica y sobre el efecto anticíclico que supone. Resultan una clara acción compensatoria cuando la coyuntura, por cualquier circunstancia, se torna bajista. 

La infraestructura publica es, sin lugar a dudas, un factor determinante para elevar la calidad de vida y promover el crecimiento económico. 

Pero no cualquier inversión en infraestructura va a generar efectos positivos…. El establecimiento de un apropiado sistema de análisis de estas inversiones debería ser una de las funciones más importantes por parte de los gobiernos de la Región, a fin de lograr que infraestructura publica tenga como único fin, el bien de todos. 

Las especiales condiciones de nuestra mayor zona turística y de nuestro querido Mar Menor, nos hacen acreedores de inversiones publicas urgentes que intenten paliar, en lo posible, el ciclo económico negativo que, de mantenerse en el tiempo se nos viene encima. 

El gobierno regional tendría que esforzarse en conseguir la inversión necesaria para la zona, y considerar el Mar Menor, (que no laguna) crucial para los intereses turísticos de la Región de Murcia. No en vano en La Manga están mas del  50% de las plazas turísticas de la Region.

La infraestructura que disponemos para el tráfico resulta muy deficiente, sobre todo en temporada alta, donde resulta imposible desplazarse de forma cómoda, perjudicando la posibilidad de que el turista pueda ir de compras o salir a locales de hostelería y ocio, ocasionando una mala experiencia a quien nos visita y una disminución del gasto por turista. Si tenemos en cuenta que el turismo es la experiencia humana que podemos contar a los demás con una sonrisa, no vamos bien. Ahora también provocamos hastío y cabreo, experiencia que también solemos contar a los demás. 

El turismo se contagia, como la alegría, y que mejor forma de contagio que dar la mano a San Pedro del Pinatar con la construcción de un puente y que nos una a la autopista AP7. 

Los antiguos romanos nos enseñaron como se construía un imperio, y las calzadas y puentes,  junto a la espada, fueron sus mejores armas y ahora son los mejores atractivos turísticos. 

Un puente no ha de ser un martirio para una zona protegida si se aplican las medidas correctoras necesarias, pongo como ejemplo el puente en Noruega de Lofoten. La ecología es necesaria para el desarrollo turístico, pero conviene evitar medidas radicales que destruyan el futuro y el desarrollo económico de las familias  que residen en la zona. 

En un nuevo suelo a urbanizar se exigen normas sobre viales y avenidas suficientes para evacuar con seguridad a la población de la zona, esas normas y condiciones que en la Manga no se dan. 

Cuando en verano la población alcanza los 350.000 residentes, la seguridad en la Manga se ve claramente comprometida, pareciéndose más a una ratonera que a una zona turística. 

Disponer de dos salidas agilizaría el trafico, alargaría la temporada, facilitaría la inversión nueva que ahora por esa causa se nos niega, aumentaría el valor inmobiliario y nos daría, en caso de necesidad, la oportunidad de salir corriendo y salvar la vida. 

 

Diego de Haro