Poco tiempo después de que entraron grandes cantidades de medusas en el Mar Menor como consecuencia de la apertura del canal del Estacio en los años 70 del siglo pasado, se comenzó a poner redes para proteger a los bañistas de estos cnidarios. Más de 20 años después, no importa que ya no haya un número significativo de medusas,  se siguen instalando al comienzo del mes de julio.
Pacto por el Mar Menor no entiende este despilfarro de dinero público que no solo no cumple la función para la que fueron pensadas –unos días después de haber sido puestas ya aparecen rotas– sino que impiden el paso de peces, limitan el acceso de equipos de windsurf o kitesurf (deportes que se deberían potenciar en detrimento de la náutica a motor), acumulan materia muerta que contribuye a la turbidez de las aguas y constituyen un impacto visual al valor paisajístico del Mar Menor.