‘EL NUEVO VIAJERO  II ‘, nuevo artículo de Diego de Haro

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Si hay un sector que va a quedar definitivamente afectado en España y por consiguiente en Murcia, por esta pandemia, este será el del turismo. En este artículo intento anticipar cómo se va a producir ese impacto en esta industria. Un intento de prever cuál puede ser el nuevo modelo turístico en un escenario en el que, probablemente, no se habrá generalizado la aplicación de una vacuna antes de un año, lo que podría afectar con claridad al verano de 2021. 

El deseo de viajar posiblemente  será más fuerte que en otros años, ya que el confinamiento y los efectos de la pandemia está  provocado en nosotros un aumento de la sobrecarga física y mental que solo el viaje es capaz de mitigar.

La clave para el sector estará entre la intensificación de la necesidad de viajar y la limitación económica, sanitaria y normativa de esta nueva normalidad.

Podemos asegurar que las ganas de viajar se mantienen, de lo que no podemos estar seguros es de la solvencia del nuevo viajero, y si podrá administrar sus nuevos miedos. Estamos en un momento crucial en esta industria en el que se verán cambios en la estructura de la demanda que se le requiere al sector turístico y conviene estar preparado.

Todo parece indicar que a medida que se aproxime el verano y se vayan relajando las medidas y restricciones impuestas, cuando se aclaren las nuevas condiciones en las que se podrá viajar, el deseo volverá de nuevo. 

Convendrán conmigo en que la crisis económica va a definir en buena medida quién, cuánto tiempo y a dónde viajaremos en un futuro próximo. El viajero lleva años evolucionando y las nuevas generaciones están buscando un modelo diferente, mas atractivo, al tradicional de sol y playa y conviene  por tanto apegarse a la cultura de la zona para poder diferenciar con nitidez el destino. 

La vulnerabilidad sanitaria de algunas personas será un inconveniente a la hora de viajar e influye, como es lógico, en las demandas requeridas a los destinos. El discurso mediático ha sido tan insistente con la idea de los grupos de riesgo, que los enfermos y los  mayores han desarrollado una idea a veces incompatible con el viaje. Las normas de convivencia en esta nueva normalidad, sobre cuestiones tan necesarias como el transporte público, la distancia social, las mamparas protectoras, aforos, el gel hidro alcoholico, etcétera, son a día de hoy la principal incertidumbre  para asegurar al nuevo viajero si podrá o no disfrutar de su viaje. 

La seguridad que años atrás estaba definida por el terrorismo y la delincuencia en el destino, en adelante y en mayor medida, se valorará sobre todo por las medidas para evitar contagios y un tratamiento sanitario cercano y de calidad. 

 

La dificultad a la hora de planificar el viaje con antelación, sumado a la distorsión del periodo de vacaciones, que la pandemia ha provocado, harán necesarios cambios que den al nuevo viajero una mayor flexibilidad. La imposición de normas de comportamiento en la nueva normalidad incentiva el turismo de interior y de naturaleza. Tomarse unas vacaciones es desconectar, dejar vía libre a lo espontáneo, algo muy difícil con las normas de distanciamiento social y la mascarilla puesta. El turismo en destinos con baja población se impone como forma de evitar el rigor de esas normas.

 

El virus probablemente, sea ese nuevo viajero perfecto… Viaja con nosotros en nuestros aviones, se mete en nuestra maleta entre la ropa, disfruta con nuestra risa, se pasea por los conductos del aire acondicionado de los hoteles y de nuestros restaurantes, se esconde entre la gente en los cruceros, está feliz con nuestra cercanía social y encima no paga la cuenta. Dificil solución  tiene acabar con un problema que ahoga al sector del nuevo viajero, sin acabar también con el turismo. 

 

Debemos ajustar el sector del turismo, emprendiendo un proceso de reducción del negocio, yendo de lo grande a lo pequeño, de lo estándar a lo específico, de lo lejano a lo cercano, de lo inclusivo a lo exclusivo. 

Necesitamos una nueva definición de “normal”. Creo que el virus y sus efectos permanecerán con nosotros durante los próximos años de una forma u otra, y queramos o no, tendremos que acostumbrarnos a sus caprichos.

 

Diego de Haro