De nuevo con la pesadilla de ver el agua cargada de lodos y agroquímicos discurriendo por las calles de las poblaciones del Mar Menor

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De nuevo con la pesadilla de ver el agua cargada de lodos y agroquímicos discurriendo por las calles de las poblaciones del Mar Menor. En pleno siglo XXI se sigue sin poner el foco en la raíz de este problema que ha arruinado a sus gentes, viviendas y negocios, y que ha llevado a este ecosistema único a la dramática situación en la que se encuentra.

El día de santa Teresa de 1879 más de 1.000 personas morían en nuestra región a consecuencia de una tremenda riada. Sin embargo, el cartagenero Ricardo Codorniú, ingeniero de montes, no se conformó con lamentarse de la lluvia caída ni se puso a idear artilugios que desviaran el cauce de los ríos. Codorniú fue a buscar el origen de ese desastre, y encontró que la tala de árboles de las sierras colindantes para construcción de viviendas y barcos y para combustible durante siglos facilitaba el descenso del agua embravecida sin ninguna barrera que la detuviera.
La restauración hidrológico-forestal de Sierra Espuña, un modelo reconocido mundialmente, que se llevó a cabo en sus montes es el resultado de un gran empeño y la inteligencia de comprender que catástrofes como esa podían evitarse encauzando y frenando con arbolado las lluvias torrenciales.
Pacto por el Mar Menor exige que se lleven a cabo medidas poniendo el foco en el origen del desastre causado por urbanizaciones e infraestructuras construidas en zonas inundables, en la erosión resultante de la eliminación de terrazas en cultivos de la agricultura intensiva, etc., para que cuando ocurran estos fenómenos metereológicos –cada vez más frecuentes– no tengamos que volver a lamentar una y otra vez pérdidas medioambientales y económicas.