“Manual para LA POBREZA”, la opinión de Diego de Haro

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La crisis económica que se avecina abocará a muchos ciudadanos a una situación que hoy desconocen, y no es cierto que se pueda ejercer de pobre sin algunos conocimientos e instrucciones previas. 

Desde principios del siglo XXI, existe demasiada confusión sobre la pobreza al punto de que cualquiera en este país ha pensado que era pobre solo porque veía a otro comprar muchas cosas más que él. La pobreza es principalmente un estado mental, que siempre conviene comparar con la pobreza de los demás, si queremos tener una justa medida de lo que esta supone. También es el sueño húmedo de cualquier revolución. Los cambios sociales que suponen las crisis, suelen aprovecharse para hacer mas de prisa lo que en otras condiciones tardarían años en producirse y convendrán conmigo en que nuestra historia rebosa de acontecimientos donde se puede apreciar la dedicación y el esfuerzo que siempre hemos puesto en  sacar partido de la miseria de otros para obtener beneficio propio.

 

Ahora que la pobreza se extenderá y todos podremos ver muchos telediarios presidiendo la información con ella, es hora de saber a qué nos enfrentamos… La pobreza se aprende, sobre todo, queriendo escapar de ella. Aplaudir en el balcón no le servirá de nada.

Hemos de asentar en primer lugar que cuando les hablo de pobreza no me refiero a la extrema pobreza, la de no poder comer, sino la de “solo” poder comer. Esa es la pobreza sutil a la que me refiero, dolorosa y constante, la que no te deja vivir, pero tampoco te mata. La pobreza de mantenerse siempre pobre,  sin  acabar de caer, ir tirando y tratar de que nadie lo note. Piensen por favor en  Cervantes y en el Quijote, el hidalgo español resumía mejor que nadie esa pobreza en una frase “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

Heidegger decía sobre la pobreza: “La pobreza es un no-tener y, a decir verdad, un carecer de lo necesario. La riqueza es un no-carecer de lo necesario, un tener más allá de lo necesario”. 

 

Convendrán conmigo que entre las aspiraciones de la gente no suele estar   la de ser pobre, del mismo modo que nadie sueña con ser obrero. Y esos que quisieron serlo, que también los hay, solían ser escritores, pintores o músicos que probaron a morirse de hambre en una buhardilla cochambrosa. En realidad, eran ricos que disfrutaban de unos emocionantes cursillos de pobreza en los precipicios a los que a veces nos arrastra la vida.

Cuando le toque ser pobre, notará que el mundo no se ha hecho para gente como usted. Por ello, lo primero que ha de cambiar el pobre es la actitud. Al principio agresiva y preguntándose por que le ha tocado a usted y luchando por salir. Mas adelante pasiva, donde acabe conformándose con la poca libertad que le permitan su escasos recursos. 

Comer mal es una de las pocas obligaciones que comporta la pobreza, aparte de eso pocos lujos podrá darse… Vestir la ropa usada será su obligación, aunque siempre reserve alguna prenda de buen ver para hacer alguna visita que otra y poder decir a los demás que va “tirando” sin avergonzarse.

Hacer la compra será para usted una aventura. Disfrutará entre tanta comida y cuando alguien como usted le pida, al acercarse a la caja, que si le puede pagar su cuenta,  se sentirá un privilegiado.

No tendrá  un móvil y eso no tiene por que ser necesariamente malo, no creo que lo eche de menos, usted sabe que hace mucho tiempo que no le llama nadie.

Notará una extraña seguridad, que no sentía desde que era un niño. Se encontrará seguro casi en cualquier sitio, ya ninguno le robara como cuando era un empresario de éxito, nadie le mira la muñeca, nadie se fijará en su cartera.

Tampoco la justicia se interesará por usted. Creo que en ocasiones se parece mas a la burocracia política que a la justicia de verdad, así que casi mejor. 

Pero no todo va ser malo… Cuando sea pobre podrá caminar por la ciudad, visitar los parques y monumentos como hacen los turistas, pero sin la cámara. Le sobrará mucho tiempo, tanto que los días y sobre todo las noches se le harán eternos. No pensará en el futuro, usted sabe que de esta “saldremos mas fuertes” y que “nadie se quedará atrás” y si lo dice la tele  y en el You Tube alguna joven influencer experta en ciencias infusas, seguro que es cierto.

No debemos esperar nada bueno de la miseria, así no nos llevaremos un desengaño.

Diego de Haro