No se si a ustedes les pasa, pero yo tengo la sensación recurrente de que me han engañado. Nos dijeron “saldremos mas fuertes”  y que “todo saldrá bien”,  que “nadie quedará atrás” pero  después de informarme minuciosamente puedo asegurarles que esto no es cierto. De no cambiar nada seremos mas pobres, muchos se quedarán atrás y sobre todo, seremos peores personas.

 

Las cifras del paro asustarían a cualquiera, si sumamos el paro registrado, los que están en un ERTE, y los autónomos que han tenido que cerrar su negocio y están cobrando todavía alguna ayuda. Pasamos de los cinco millones y creo que esta hemorragia todavía no se ha acabado y me temo que no acabará aplaudiendo a las ocho.

 

Las consecuencias del distanciamiento social, tan necesario para aislar el virus, también está provocando daños irreversibles en las personas. Cicatrices que provocan entre otras suicidios… Han aumentado de forma pronunciada y ya son el doble de los producidos por los accidentes de tráfico.Todo esto sin que nadie se inmute, sin que a nadie la tiemble un músculo. Miles de vidas truncadas por la desesperación y proyectos vitales imposibles en esta pandemia ni en los restos de esa economía que se fue. 

 

La inversión en equipos y tecnología se ha desplomado. Pocos son los que pretenden invertir en estas condiciones y solo las administraciones pueden permitirse de momento algún gasto. Muchas empresas prefieren invertir en países vecinos antes que arriesgar nada en el nuestro.

 

La censura está acechando como en los peores momentos de nuestra historia, y no solo en las redes sociales, sino también en los periódicos,radios y televisiones, que al escasear la publicidad privada, por la crisis que padecen las empresas, dependen en buena parte de las campañas institucionales que siempre han de ser proporcionales entre todos, aunque desgraciadamente se pueden encontrar atajos para hacer lo mismo y que no se note, o que se note poco. Es fácil así hacer tambalear la libertad de prensa y de pensamiento. Actuar con proporcionalidad y diligencia debiera ser una obligación del gestor de los recursos públicos. 

 

Las previstas subidas de impuestos acabarán por hundir muchos de los sectores económicos del país que aun aguantan. Se entiende así las colas para marcharse a Andorra. Se que es duro vivir fuera de tu tierra sobre todo a ciertas edades, y creo que muchos no pretenden irse, es que se les está echando. No se trata de vivir en un paraíso fiscal y no pagar impuestos, es cuestión mas bien, de no vivir en un sitio hostil a la inversión y a la iniciativa privada, y eso no creo que pueda ser reprochable.  

 

No creo que la educación de nuestros hijos merezca, según los informes  PISA, ningún elogio. Nuestros hijos serán educados en un sistema no memorístico, no jerárquico, equidistante, sin notas ni presiones, y también sin resultados… Pero tampoco se puede tener todo.

 

No hace mucho que vi en la prensa que los taxistas de Madrid tiraban piedras a unos voluntarios que ofrecieron a médicos y sanitarios sus vehículos 4X4 y su tiempo para acercarles a los hospitales en medio de la nevada. No cabe, en mi opinión, mayor mezquindad. Quizá estemos pasando la linea roja que separa la civilización de la barbarie.

 

Convendrán  conmigo en que las personas que,  caídas en desgracia, y no teniendo mas remedio que acudir a las, cada vez mas habituales, colas del hambre y pasar allí su tiempo no pueden permitirse ni la tranquilidad ni la felicidad y sus ideas en esos momentos no pueden ordenarse desde el sosiego que merece el futuro de cualquier persona y pueden acabar con desequilibrar a cualquiera dando paso a comportamientos violentos que marcarán el resto de sus días, sobre todo si en ese momento algún político les mira desde el coche oficial al pasar frente a la cola.

 

Como  sociedad  civil hemos  de estar atentos  y ser críticos, mientras podamos de los cambios que tan de prisa se avecinan, por si estos no nos convencen.  Hemos de perder la inocencia, madurar como ciudadanos y dudar de los discursos vacíos. Se que esto no va solucionar los problemas, pero al menos nos hará mas críticos, menos complacientes. Y recuerden, las nuevas ideas y la nueva sociedad civil, que será diferente a la actual, cuando esta pandemia termine, nacerá de la critica, nunca de la complacencia. 

 

Los responsables han de cuidar  para que esta división de la sociedad en dos partes no se produzca. Hasta ahora se están subiendo impuestos y cotizaciones a los que se están jugando su empresa y el sustento de su familia en esta crisis y también subiendo los sueldos a otros que no se juegan nada, y eso no es lo adecuado para impedir esa división. No se trata de acabar con los ricos como algunos proclaman, sino con la pobreza. En algunos países donde así se ha hecho acabaron todos mas pobres y mas humillados. 

 

Una sociedad partida no permite la estabilidad necesaria para su progreso y estaremos muy cerca de esa linea roja y que tan bien describe en la novela La Maquina del Tiempo, H.G.Wells, donde los Morlocks son criaturas infrahumanas, viven en casas subterráneas, y atacan esporádicamente a las pacíficas e ingenuas criaturas que habitan la superficie. Herbert George Wells se permitió imaginar un futuro donde la evolución no era igual a progreso, y planteó la distopía de una humanidad escindida en dos donde una parte evolucionaba y la otra involucionaba. A los Morlocks les tocó la peor parte.

Diego de Haro