LOS JÓVENES Y LA POLÍTICA, el artículo dominical de Diego de Haro

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Permitan que les recuerde la frase que se le atribuye a Winston Churchill “el que no es de izquierda a los 20 años no tiene corazón, pero el que a los 40 lo sigue siendo, no tiene cerebro” y créanme poco importa ya quien la dijese… A estas alturas de siglo y según multitud de encuestas los jóvenes europeos se sienten mayoritariamente de derechas.

 

Los jóvenes se definen y se identifican hoy, y cada vez más, con los valores de la derecha, y entre los más determinantes el individualismo y la defensa de valores que a algunos les parecían olvidados.

 

Por los resultados de distintas encuestas podemos saber que en las últimas elecciones de Madrid, el 70% de los menores de 24 años votó al Partido Popular o lo hicieron a VOX. En Europa parece que corren los mismos aires, la juventud europea del siglo XXI ha dejado de ser izquierdas.

 

El predominio de los valores individuales está ligado a la desconfianza que suelen expresar con el descaro propio de su edad, respecto a las instituciones y el sistema político.

 

Al individualismo forzado o no, por la percepción de la juventud de que el Estado es incapaz de ofrecer un porvenir digno y estable, le sigue la convicción de que el Estado interfiere en exceso en la actividad social y económica privada. Eso es contrario a la necesidad de la juventud de sentir la libertad como la opción más importante de sus vidas.

 

La izquierda no ha tenido, o eso parece, la capacidad de imponer en la juventud sus recetas y soluciones, manteniéndolas en el tiempo. Probablemente la izquierda no ha sabido dar respuesta a esas preocupaciones individuales. Su rechazo a debatir sobre grandes temas como la inseguridad o las fracturas culturales e identitarias la aleja de una parte del electorado joven. La lealtad a los partidos políticos tradicionalmente es menor entre los jóvenes. Así, en el caso de España, Podemos entró con fuerza en el 2015, pero no se ha consolidado.

 

Han aprendido que ellos son los responsables como individuos de su salvación, y no en función del grupo o clase al que pertenezcan.

 

Convendrán conmigo en que las ideas de la izquierda han cambiado mucho en estos últimos tiempos; lo de representar a la “clase trabajadora” se acabó hace años, no hay más que ver a los dirigentes de los partidos de izquierda, la mayoría no proceden de la clase trabajadora, de hecho solo conocen a los verdaderos trabajadores por algún póster en blanco y negro que ya arrugado por el tiempo, duerme colgado en las paredes de sus despachos.

 

Hoy la gente joven comprueba que la llamada izquierda está preocupada por las ideologías o las identidades de minorías, que socialmente en poco les benefician ni a ellos, ni a la sociedad en la que viven. Ahora se esfuerzan en la defensa de la inmigración ilegal, o de algunos colectivos con nombres impronunciables, causas que gritan a todos con el orgullo de un loco. Si esto no fuese suficiente no buscan soluciones a sus problemas, como la precariedad laboral, o la imposibilidad de tener hijos y educarles con dignidad. Están más ocupados en crear un lenguaje inclusivo, circular y resiliente que a la mayoría no les importa y que nadie les ha pedido.

 

Se les dice que son ricos, y a pesar de eso no podrán vivir con la calidad de vida de sus padres. Que no podrán tener coche, ni viajar si no es en bici, ni comer carne, su ropa será escasa y compartirán la casa con desconocidos, ahora a esto le llaman “coliving”, asegurándoles que “no tendrán nada y serán felices”. Además no deben desear nada porque eso también es malo, lo dice la tele, así que debe ser cierto.

 

Esperan pacientemente heredar la vivienda de sus padres, ya que con su salario y la precariedad de su existencia no podrían permitirse una. La izquierda ofrece a la juventud ser un castrado intelectualmente, un mileurista que cree que su existencia es sostenible solo por el hecho de ser pobre.

He preguntado a algunos jóvenes sobre sus deseos para el futuro y puedo decirles que ninguno me ha comentado argumento alguno sobre la España 2050 o la agenda 2030. Al contrario, quieren lo que cualquiera de los de más edad quisiéramos; una casa grande con jardín y piscina, una familia, un Ferrari en el garaje y si se lo permite la autoridad, un perro.

 

Ser joven es ser rebelde, y eso no encaja con la actual izquierda. Hoy lo transgresor es lo contrario a lo que esta predica; lo transgresor hoy  es que te gusten los toros o ir a misa.

 

Es posible que los análisis de izquierda y derecha estén agotados, y que en realidad les esté hablando de otra cosa, pero eso lo deben discutir ustedes.

 

“Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño.” (Friedrich Wilhelm Nietzsche)

 

Diego de Haro