“LOS ECOTALIBANES Y EL TURISMO”, la opinión de Diego de Haro

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Cada vez son más y cada vez más ambiciosos. Ya no se conforman con proteger un bosque o un pájaro, ahora quieren salvar el mundo. Sus bombas son pacíficas.

Eso si, a veces toman o hacen tomar a otras decisiones que pueden hundir la economía de la zona donde se manifiestan. En la antigüedad, los viejos de la tribu, hacían valer su experiencia en beneficio de todos. Los chamanes o curanderos, sanaban a los suyos, o eso parecía, adivinaban el futuro que correría la tribu, ayudando así a la sociedad de su tiempo.

Esos eran los que con distintos atributos, rezos y utensilios se esforzaban en ser útiles a los demás adivinando el futuro. Hoy ese puesto de adivinadores lo ocupan “ecotalibanes” que, bien intencionados, nos gritan con vehemencia el fin de los tiempos y de todo vestigio del mundo conocido. Predican un futuro negro para la zona de La Manga y el Mar Menor, que tanto perjudica los intereses legítimos de las personas que confiaron en esta tierra para comprar un apartamento o arriesgar en un negocio.

Convendrán conmigo en que también se equivocan, mejor dicho, suelen equivocarse. Hace 15 años nos dijeron, argumentando con excelentes fotos nuestro negro futuro… Que el agua, a consecuencia del deshielo de los polos, nos afectaría gravemente y que en unas décadas tendríamos el nivel del agua a la altura del balcón del 4º piso, ocasionando importantes perjuicios a los propietarios.

La verdad es que todavía no alcanza el rellano… El movimiento ecologista ha pervertido últimamente los fines de defensa de la naturaleza que en principio abanderaba y se ha convertido hoy en una herramienta de la ·izquierda extravagante” que tan bien definía Gustavo Bueno en su libro “El mito de la izquierda”. Ya no es posible ser de derechas y al mismo tiempo defender la naturaleza. Se cuestiona la limpieza de las algas en las playas, no apreciando el perjuicio que ocasiona al turismo.

Se cuestiona el urbanismo y cualquier otra cuestión que afecte a la vida de las personas como la comida, el ocio, el transporte o el turismo. Entiendo que la ecología es necesaria para un desarrollo turístico de calidad, pero conviene evitar medidas radicales que destruyan el futuro de las personas que residen y trabajan en la zona. Los ecologistas hablan de seres vivos y lo hacen en el sentido más amplio posible, incluyéndonos a nosotros y a nuestra calidad de vida en esa delicada biosfera que debemos proteger para nuestros hijos, o sea, quieren lo que cualquiera de nosotros.

El problema es que en nuestra sociedad, al margen de ideologías y tendencias, siempre surge una minoría de intolerantes que llevan al extremo sus planteamientos sin importar que existan intereses sociales o económicos distintos. Llegando a tal punto que no se distingue si la agonía en donde nos sitúan, es el nacimiento o la muerte de la humanidad.

Las redes sociales, ya saben, esa mente colmena donde todos opinan y nadie reflexiona. Esa forma de entender la información y la opinión que tanto miedo le ocasiona a nuestros políticos y tanta endogamia política genera. Donde si tu posición es contraria a la de la mayoría, te fusilan al amanecer con total impunidad, radicalizando, entre otras, las opiniones en defensa del medio ambiente. No seré yo el que esté en contra de su defensa, ni mucho menos, pero convendrán conmigo en que puede haber distintas formas de defender nuestro mar y a la gente que vive en su ribera y de su ribera. Comentarles que en el siglo XVI todo era mucho más ecológico, circular, resiliente y verde, pero créanme, no se vivía mejor.

Diego de Haro

 

Escrito por Diego de Haro.