“LOS CABREROS DEL MAR MENOR Y LA DEFENSA DE LO CUTRE”, el dominical de Diego de Haro

0

 

 

 

—¡Mira Mama! !Mira! Hay olivas en el suelo. ¿Puedo comerme una? — Le decía a su madre ese niño moreno que en la playa jugaba con la arena y un pequeño cubo de plástico que traía casi lleno. Su madre le miró un instante mientras le propinaba un azote en el trasero, que era lo único que tenia tapado y que resonó entre los balidos de las ovejas, mientras la gran manada se alejaba por la orilla. Por esa fina linea que separa la arena de las olas…

 

No fueron rebaños de turistas los que paseaban en la playa el  fin de semana pasado. Fue otro rebaño y ya no sirve de nada quejarse, de que en poco tiempo los bañistas tendrían que esquivar lo que que las ovejas se iban dejando atrás.

 

Llegando a este punto supongo que algunos verán aquí la descripción de una escena de playa un tanto especial, pero no lo crean. Estamos en Murcia y aquí puede pasar cualquier cosa. Cada día una aventura, cada día que pase usted de vacaciones en nuestra tierra va a ser digna de la mejor foto y el mejor recuerdo del viaje, esa al que con facilidad se le da un “me gusta” pulsando en un corazoncito rojo en la pantalla de nuestro móvil.

 

Es posible, aunque no estoy seguro, que la promoción que hasta ahora hemos hecho de La Manga no haya sido muy acertada. Los resultados son persistentes y hasta ahora no hemos conseguido que se nos distinga de la forma especial que sin duda merecemos.

 

Cualquier manifestación cultural es digna y ha de merecer toda nuestra atención incluyendo lo cutre. Hemos de aprender a sacar partido a ese olor a cerveza agria por la mañana. A los cristales rotos por la acera, al vomito y al abandono de los jardines públicos. Pero sobre todo al mal gusto; ese que nos propone un palet de obra como si fuese el mejor de los diseños para decorar un local de hostelería.

 

Después de ver la foto que ilustra este articulo, cuesta entender algo menos que estamos ofreciendo una oferta turística de los años 70 y que así estamos condenados al fracaso si no sabemos adaptarnos. Hemos de actuar en defensa de lo cutre. Somos cutres y hemos de sentirnos orgullosos porque sin duda, este será un argumento de peso para la diferenciación del destino.

 

Asociaciones variadas, con tendencias políticas o intereses personales,

asociaciones de vecinos, de comunidades, de empresarios, luchando entre todas y a veces enemistadas, donde se diluye la responsabilidad que cualquier asociación les debe a sus asociados. Y lo poco que les queda es la lucha por la foto…. Hasta tenemos asociaciones de asociaciones donde diluir aun mas las ideas y responsabilidades. Solo nos falta la asociación de cabreros del Mar Menor para completar este curioso arco parlamentario y creo que en este caso tienen mucho que aportar.

 

Convendrán conmigo en que para hablar de algo conviene hacerlo con conocimiento de causa y les  aseguro que he pasado años insistiendo, y con nulo resultado, en las acciones que intenten al menos mejorar  la calidad del turismo. Pretendiendo salir de los malos resultados que esta romántica y pacifica manga de tierra ofrece al resto de la Región.

 

Estaba equivocado, creo ahora que una imagen de “marca cutre” nos ofrecería enormes ventajas que sabrá valorar el nuevo viajero. Al sublimar lo cutre en un mundo que gira al contrario nos garantiza sin duda el éxito. Años de experiencia nos auguran un excelente resultado. De lo expuesto  podría hacerles un resumen, pero creo que Jaime Gil de Biedma tiene una frase que lo define mucho mejor que yo donde se refiere a España como, “un intratable pueblo de cabreros”…. Y aquí esto se cumple con una especial virulencia.

 

Entiendan que sólo es el análisis de otro cabrero más. Y todo lo anterior dicho desde el convencimiento que solo desde la critica se pueden encontrar  las soluciones, nunca desde la complacencia… Un análisis sin importancia alguna… Una forma tan cutre como cualquier otra de pasar la tarde.

 

Diego de Haro