“Los alcaldes de la Manga”, la opinión de Diego de Haro

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No diré yo que desear el bien a tus vecinos este mal, o  que pensar que la política sea una vía como cualquier otra para intentarlo no sea  lo adecuado. Pero algunas vivencias recientes me han hecho caer en una reflexión que me gustaría comentarles. 

 

Entiendo que la labor del político es básicamente, la  de gestionar con honestidad un presupuesto, y a ser posible de forma eficiente, justa y sabia.  Solo con estas premisas se puede generar un mayor bienestar para los vecinos con el mínimo coste.  

 

Convendrán conmigo en que, cuando un Ayuntamiento  entra en cuestiones identitarias están entrando en lo personal, y en la libertad que corresponde a  las personas a opinar como les venga en gana, y eso suele salir mal. Se acaba cambiando la razón por la emoción, y dividiendo al pueblo en dos mitades irreconciliables, y eso no tiene nada que ver con la gestión eficaz de un presupuesto.

 

A pesar de todo lo anterior o quizá por todo lo anterior, me encuentro  últimamente perplejo al comprobar que una buena parte de mis conocidos quieren ser alcaldes… Algunos, los que tienen menos aspiraciones, se conformarían  con ser concejales. Pero todos, hombre, mujer o niño quieren ingresar en una corporación donde ejercer una vida nueva, plena de razones para vivirla con emoción y alegría.

 

Les comenté que si entre un presupuesto y el administrado colocamos mas administradores, el dinero disponible que resulte después de pagar los gastos de esa gestión seria menor. Tampoco cambiar unos por otros nos daría ventaja alguna, que ademas cambiarían cada cuatro años. Solo con eso no  se garantiza una buena gestión de los recursos.  

 

Desgraciadamente y a pesar y de mis esfuerzos en explicar lo evidente no he conseguido resultado alguno.

 

Confío en que políticos valientes entiendan que les corresponde a  ellos sacar el máximo rendimiento del extenso patrimonio publico de esta zona y procedan de manera eficaz y responsable, e intenten al menos, sacarnos de esta  pacifica laguna en la que estamos metidos, entre la entropia y la decadencia.      

 

No todos los que vivimos en esta zona pensamos que un Ayuntamiento nuevo sería una solución aceptable, pero sí nos toca a todos exigir una gestión eficaz de los recursos que mas nos beneficie.   

 

Comentarles que cuando era un niño y los Reyes me traían algún juguete siempre me decían que no lo rompiera, que lo cuidara, que era el responsable, que las cosas troceadas no valen nada…  En estos últimos tiempos la palabra “trocear” desgraciadamente se ha puesto de moda, pero creanme, nadie gana troceando, ni el que trocea ni el troceado. Entiendo que es un exceso llamar locura a estas actitudes humanas, pero reconozcan que se parece bastante.

 

 

Diego de Haro