«La Torre de Garciperez» , la opinión de Diego de Haro

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Frente al camping de la Manga y muy cerca de la autovía se encuentra, mas distraída que  co⁹nforme, nuestra Torre Garciperez.

 

Cuentan que antes de esta torre, existió otra de estilo mozárabe. Fue construida en la finca Garcipérez a finales del siglo XIX, en un pequeño promontorio, por un coronel de artillería perteneciente a la familia Fontes, propietarios de la finca. Varios cañones de salvas dominaban en su altura, y se  usaban para intercambiar saludos con el Conde de Romanones, cuando este visitaba la isla de El Barón en el Mar Menor.

 

Cuando se construyó constaba de tres cuerpos, el superior  desgraciadamente ya no se conserva. Sus gruesos muros se apoyan directamente sobre la roca. El primer cuerpo de planta cuadrada, fue construido con mampostería con  los paños centrales y la moldura superior en ladrillo. El segundo cuerpo es de planta hexagonal realizado también por completo en ladrillo macizo.

 

Catalogada por Ley 4/2007 de Patrimonio Cultural de la Región de Murcia,actualmente, y según una lista elaborada por la Asociación para la Defensa del Patrimonio Histórico (DAPHNE), la torre de Garcipérez se encuentra en riesgo de desaparición por “deterioro progresivo, por abandono, con el piso superior perdido, daños en sus paramentos y pérdida de ladrillos” a pesar de ser una construcción catalogada por la Ley de Patrimonio Cultural de la Región de Murcia.

La mejor marca,  la mejor protección y la mejor historia para esta maravillosa torre que preside malograda pero orgullosa la entrada de la Manga del Mar Menor, saludando con su recortado perfil a todos los que visitan la zona turística mas importante de la Región de Murcia. Desgraciadamente hoy también el graffiti marca y mancilla sus históricas  paredes. 

Parece que los edificios mas queridos y respetados son aquellos a los que  les atribuimos propiedades mágicas o esotéricas. Edificios de los que es muy difícil obtener resultado económico alguno, suelen ser los mas queridos y sin duda alguna lo merecen. Mantienen la moral alta, defienden el territorio y las tradiciones, confirman la presencia de sus gentes y simbolizan la tierra donde se enclavan, en los bordados de las  banderas y en la piedra tallada de sus escudos.

 

Confío en que algún día, nuestra querida Torre Garciperez vuelva a atronar el cielo con sus cañones saludando a todos los que nos visiten como siempre hizo y para lo que fue construida. Inaugurando la temporada turística, rompiendo de nuevo el cielo del Mar Menor y marcando así la diferencia del destino, dando una nueva experiencia que contar al viajero. Por que el turismo no es mas que la experiencia de uso de una zona que puedes contar a un tercero con una sonrisa, y si esa premisa no se cumple, no es turismo.    

 

Comentarles que siendo un niño me decían  “vale quien sirve” y convendrán conmigo en  que esta singular torre, si nos sirve.

 

Un artículo de Diego de Haro.