`LA PSICOSIS´ , la opinión de Diego de Haro

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No hay noticia en la historia contemporánea de un colapso como el que ha provocado el coronavirus. La percepción del problema ha sobrepasado el problema mismo y la gente ya está  empezado a asumir los sacrificios. No tanto por la renuncia a la vida social, a los viajes, al ocio, sino a que la crisis económica y laboral pueda transformarse en una nueva recesión.

 

La psicosis no se ha detenido y resulta digno de estudio la normalidad con la que estamos asumiendo la prohibición de  bodas, funerales, colegios, tribunales, ni el parlamento ha quedado… Las fallas no arderán y probablemente ni las procesiones saldrán.

 

Convendrán conmigo en que no  debe convertirse esta emergencia nacional en un pretexto para encubrir la improvisación, las contradicciones y los vaivenes de nuestros políticos. Tampoco debe  transformarse la angustia y el miedo generado en un atajo del que valerse para esconder una gestión política o aprobar unos presupuestos que, por esto mismo, ya no sirven para nada.

 

Conviene  exigir al Gobierno una gestión transparente y juiciosa. Que la sociedad la conformemos entre todos no significa que los ámbitos de influencia y responsabilidad sean iguales. Exigir a la sociedad que compartamos la responsabilidad de lo que ocurra conllevaría por parte del Gobierno  disponer de atributos como el liderazgo y la lealtad a España, y eso me temo que no está claro. 

 

Como aseguran nuestros políticos, se aproximan semanas difíciles, cambiando así un discurso que hasta el día 9 fue bien distinto. Los contagiados crecerán de forma exponencial y habrá más fallecidos. En medio de este panorama desolador y lleno de incertidumbre, solo queda por ver cómo vamos a comportarnos los ciudadanos, porque estamos juntos en esto. Me pregunto si no hubiese sido posible preparar con antelación cada uno de los escenarios, tomar las medidas que paliasen sus efectos, adelantarse a los acontecimientos y no ir detrás, no improvisar tanto.

 

A  La Manga están llegando miles de madrileños que irresponsablemente  están saliendo de una zona infectada para pasar a otra sin que nadie les obligue a la mas mínima cuarentena. Saturan el Mercadona y se pasean llenando las calles. Espero que no saturen también los hospitales.  Nuestra sanidad es mas pequeña y me temo que esto será lo próximo.

 

El daño económico resulta evidente, está hecho y no tardará en traducirse en paro y pobreza en breve. Seria extraño que a  las caídas de la bolsa tan acentuadas no le siguiera la quiebra de algún banco y en ese punto se acaba el crédito con todas las consecuencias.

 

Pero lo peor si esto se alarga, será el cambio en los modos de relación social. Unas formas que nos llevan haciendo felices miles de años… Nos damos la mano, nos besamos aunque no nos conozcamos, nos acercamos y eso nos ha hecho ser lo que somos, mediterráneos y latinos. Esos modos conforman el alma de nuestras gentes y de nuestra querida Cartagena.    

 

Para finalizar me gustaría dar un consejo. Guardad en una caja, donde guardáis  los deseos, todos lo besos y los abrazos que ahora no estáis dando. Seguro que pronto podremos sacarlos de nuevo y volveremos a ser esa ciudad maravillosa, trimilenaria y mediterránea de siempre. Y recordad, las mejores cosas de la vida, las que más importan, son gratis.

Diego de Haro