La procesión del silencio, `Desde el Objetivo´ de Ángel Maciá Veas

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Última procesión de los californios cada Semana Santa, la Solemne Procesión del Silencio y Santísimo Cristo de los Mineros.

La ausencia de luz en las calles del recorrido, la iluminación de cera de hachotes y tronos, el sonido de un único tambor marcando el ritmo al comienzo del cortejo pasional, el olor a incienso, los golpes secos de los martillos de órdenes de los capataces de los tronos, el rítmico sonido que producen los hachotes al golpear sobre el suelo, la respiración entrecortada por el esfuerzo de los portapasos, como siempre, una infinidad de pequeños detalles que hacen tener a esta procesión un ambiente especial que resulta inolvidable para quien la ve por primera vez, para quienes lo hacen todos los años y por supuesto para los cofrades que participan en ella.

Todos los participantes en la procesión se rigen por un estricto reglamento que desde casi un siglo sigue en vigor, y que impone entre otras una seriedad todavía mayor de la habitual que tienen las procesiones en Cartagena, según este reglamento, una vez hecha la formación, queda prohibido hablar con personas del público, ni con Hermanos, de producirse este hecho de faltar a esta prohibición se considerará un hecho de desconsideración hacia la hermandad, también se prohíbe durante la marcha y en las paradas que se hagan, volverse a mirar hacia atrás o a los costados, no debiendo en ningún momento perder el frente de la marcha, se tendrá en cuenta el no hacer caso de ninguna observación o palabras que dirija cualquier persona del público.

Componen la procesión, un tercio perteneciente a la Agrupación del Ósculo que desfila sin trono y con una cruz tumbada llevada por cuatro penitentes y alumbrada por cuatro faroles.

Tercio y trono del Ecce Homo. La misma escultura del Cristo del Prendimiento de Mariano Benlliure, vestida como Ecce Homo y llevada a hombros de portapasos.

Tercio del Santísimo Cristo de los Mineros, es el único crucificado que procesiona los californios, fue realizado por García Talens en 1958.

Tercio y trono de la vuelta del Calvario (Agrupación de San Juan Evangelista), es el único trono de esta procesión que no va portado a hombros.

Tercio y trono de la Virgen de la Esperanza.

Los participantes en el desfile, con la excepción del hermano mayor y del capellán de la cofradía, llevan la cara tapada con un verdugo de raso negro, o capuz en el caso de los penitentes de tercio, deben mantener un absoluto y riguroso silencio, que suele verse acompañado por el del público que contempla el paso del desfile y la colaboración de los propietarios de locales y negocios que apagan sus rótulos luminosos, aunque como todos los años esta parte no se cumple al cien por cien, suele haber comercios que mantienen la luz encendida, o bares que atienden su negocio, sumando la iluminación que provocan los flash de las cámara fotográficas, para finalizar se canta un miserere al Ecce Homo, tal y como se hacía desde los orígenes, la Salve cartagenera a la recogida de la Virgen de la Esperanza pone el final a las procesiones californias.