“La Gestión y el Resultado”, obra de Diego de Haro

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LA GESTION Y EL RESULTADO

 

 

Convendrán conmigo en que solo los resultados pueden definir una gestión, y  que cualquier otra causa quedaría en segundo lugar cuando se trata de juzgar un trabajo.

 

Los resultados también conviene esperarlos y medirlos cuando se trata de cualquier gestión publica o privada. No hacerlo supone conformarse con poco y no sacar el rendimiento necesario de cualquier inversión. No medir los resultados, que resulta imprescindible en el ámbito privado, se resuelve de manera mucho mas laxa en el sector publico, o directamente no se valoran, esgrimiendo argumentos de interés social, descuidando que incluso el interés social se puede medir.

 

Desgraciadamente es frecuente encontrarse obras o servicios que a veces no son necesarios, otras eternamente inacabadas. Edificios singulares de dudosa utilidad y en ocasiones de mal gusto y muy lejanos del sentido común, por la escasez de recursos y que sin embargo pagamos entre todos religiosamente, sin exigir responsabilidad alguna a los causantes de esos derroches.

 

Cuando el dinero escasea conviene ser especialmente prudente con los gastos públicos y es importante tener mecanismos sociales de supervisión del gasto. Cada uno con sus cualidades ha de aportar la experiencia y las ideas para que el gasto publico se realice con eficacia y rectitud.

Entiendo, por los resultados, que  los mecanismos de supervisión política no son capaces de controlar el despilfarro, ese que acabamos pagando entre todos. Desgraciadamente en los ambientes políticos se suele presumir de la gestión antes de conocer el resultado, llegando así a desentendernos de la norma mas esencial que ha de regir cualquier decisión política, el sentido común.

 

Como suele ocurrir y después de mas de cuarenta artículos, casi todos dedicados al turismo, les hablaré, como no podía ser de otra manera, de esa gestión que tanto promete a esta Region y de sus resultados que no consiguen mas que igualar a algunas provincias de interior, y en ocasiones ni eso.

 

Si buscamos los datos de los diez últimos años y los comparamos con los los  de nuestros vecinos en el arco mediterráneo, excluyendo lógicamente este aciago año pasado, nos encontramos con resultados que, siendo especialmente bondadoso, se podrían calificar de mediocres. Celebramos la presentación de las campañas de promoción con fanfarrias, fotos y gastos extraordinarios, pero no hacemos reflexión alguna cuando se concretan los resultados. No alcanzo a imaginar si una empresa privada actuase de la misma forma, y en lugar de valorar la gestión por los resultados, lo hiciese por la divina presentación de una campaña o por lo bien que alguien quedó en la tele con ese traje tan bonito. Me temo que no tardaría mucho en encontrarse en suspensión de pagos.

 

Conviene por tanto, aprender de la empresa privada y centrarse en el resultado para juzgar la gestión y valorar esos resultados al final del trabajo y no al principio, donde, al no existir datos tampoco se pueden juzgar.

 

Siempre creí que todos tenemos la obligación de aportar a la sociedad de la que formamos parte, toda la experiencia y conocimientos que consideremos útiles para un mejor desarrollo económico o social. Kennedy decía en su discurso inaugural en enero de 1961; preguntad, no qué puede vuestro país hacer por vosotros; preguntad qué podéis hacer vosotros por vuestro país.

Por mi parte puedo asegurarles que lo he intentado y he seguido con fidelidad esa norma escrita. Comentarles que cuando regresé a mi tierra intenté cumplir con esa premisa que hace dignas a la personas que aman a su pueblo. Que era mi obligación aportar todo lo que sabia a mi tierra, “que en Murcia no se puede permitir perder una buena idea” decían algunos. No es que yo posea conocimientos oceánicos, pero si que me fijo mucho, hoy  puedo asegurarles que lo he intentado, y con nulo resultado.

 

Muchas ideas he planteado y que ha juicio de los que deciden no han de ser buenas, creo que la mayoría prefiere no arriesgar en nada y continuar así, sin que cualquier error les mueva la silla, ponerse de perfil se ha convertido hoy en una norma, y la mejor forma de prevalecer en política, sabiendo que obrar de esta manera tiene menos riesgo político que hacer algo. Desgraciadamente muchos prefieren pasar inadvertidos a pasar a la historia.

 

Concluyo con una reflexión y confío en que no la juzguen de escaso valor  y  que por eso pase inadvertida o que no tiene que ver con lo anterior, en estos tiempos convulsos en los que nos ha puesto la historia.

 

La libertad es una anomalía histórica muy delicada. A lo largo de la historia humana, de las decenas de miles de millones de personas que alguna vez han vivido en esta tierra, muy pocas lo han hecho en “libertad”. Conviene por tanto luchar por ella con la furia de los antiguos Tercios, encomendarse a la Virgen del Rosario y no dejar que se nos escape entre las manos en beneficio de otras batallas que siempre serán menores.

Diego de Haro