“La Crisis de Demanda y el Turismo”, la opinión de Diego de Haro

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Estamos dando comienzo a las consecuencias de una crisis sanitaria que nos esta dejando una crisis de demanda y posteriormente una crisis social.

 

Creo que nos concierne a todos aportar a quien corresponda el conocimiento y las experiencias para intentar paliar, en lo posible las duras consecuencias de esta pandemia.

 

Convendrán conmigo en que de poco sirven las ayudas para un negocio cuando por otras causas ajenas lo que escasean son los clientes. Otra cuestión serian las ayudas de autónomo o los ERTE, pero de esas permitan que no les hable en  este momento.

 

Entiendo que la probabilidad de recesión aumenta si el shock producido por la pandemia se traslada a la demanda, si los consumidores comienzan a aplazar sus decisiones de compra y postergar sus inversiones y sus necesidades de crédito por la incertidumbre que se está produciendo.

 

Mantener artificialmente empresas zombie sin saber de antemano cuando y como será el consumo del nuevo cliente, cual será su solvencia y sus preferencias después de ser fuertemente afectado por la crisis económica y social, seria en mi opinión, un error a la par que un exceso.

 

 

Poco puedo decir sobre el impacto de las infraestructuras en el desarrollo económico de una zona en momentos de desaceleración económica y sobre el efecto anticíclico que suponen. Resultan una clara acción compensatoria cuando la coyuntura, por cualquier circunstancia, como en este caso, se torna bajista.

La infraestructura publica es, sin lugar a dudas, un factor determinante para elevar la calidad de vida y promover el crecimiento económico.

La inversión en infraestructura pública y en cultura que siempre es necesaria, se vuelve imprescindible en estas penosas circunstancias que estamos atravesando. Agilizar los procesos burocráticos, y unas normas mas eficaces, que den seguridad jurídica y  faciliten la inversión privada resultan cruciales ahora.

La inversión en cultura constituye junto a la inversión en infraestructuras publicas la mejor forma de asegurarse un futuro en el sector turístico. La promoción de las costumbres y la historia de una zona, buscar el patrimonio histórico que hoy duerme enterrado en la playa o en obscuros almacenes debiera  ser prioritario si lo que pretendemos es diferenciar el destino y tener futuro en el negocio del nuevo turismo. Si el turismo es poder contar  la experiencia de un viaje con una sonrisa, debemos intentar al menos, que la mascarilla no nos la borre.

Por todo lo anterior entiendo que los recursos públicos que se puedan movilizar por esta causa han de ir destinados a la inversión en infraestructura publica y a la promoción cultural de la zona. Se trata en definitiva, de dar brillo a lo que tengamos, solo así podemos estar mas y mejor preparados para un futuro que se presume incierto. Donde por ahora desconocemos como será el cliente, cuantos habrá, cuales serán sus gustos y su solvencia económica.

 

Diego de Haro