“LA CARNE”, el dominical de Diego de Haro

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 Últimamente, y por lo pronto, se nos está aconsejando que comamos menos carne, porque contamina mucho y que el gobierno, que siempre quiere lo mejor para nosotros, dice que es mejor ser vegano o comer insectos que el filete de una vaca metanera. Con  insectos se nos tienta a diario. Son el alimento del futuro. Son sanos, eco sostenibles, no contribuyen sustancialmente al cambio climático, y están dentro de la agenda 20-30. Está ampliamente aceptado que los insectos proporcionan nutrientes comparables a la carne y al pescado, si lo recomienda la FAO y lo dice la tele, será por algo.

 

Siempre supimos por el Catecismo que la carne era uno de los tres enemigos del alma… El Mundo, el Demonio y la Carne, pero ahora se nos dice que también lo es del cuerpo. Aunque es posible que esta cita no esté muy bien traída, con el calor me suelo confundir a menudo.

 

Aunque lo digan, no todos somos iguales, algunos no desean nuestro bien ni trabajan para eso, solo el suyo les resulta interesante. Solo les mueve el resentimiento y por desgracia son muchos. Entiendan que revelar el truco que les hace estar al mando, haría que éste perdiese su encanto, o peor aún, que usted despierte del coma y abra los ojos.

 

Algunos llevan muchos años vendiéndonos este Nuevo Orden Mundial sin carne, sin coches, sin viajes y sin hijos, para proteger la Tierra del cambio climático.  Lo hacen desde las tarimas que les ofrece la prensa, la política, el cine o la telebasura. Lo hacen sin ningún pudor y a menudo sin argumentos… Estos son los nuevos chamanes de esta Nueva Normalidad, que ni es nueva ni es normal. Así es más fácil convencerle de que sus impuestos sirven para paliar todas las injusticias de este mundo.

 

Parece que nos quieren pobres, igualarnos por abajo, en lugar de intentarlo por arriba. Comer mal es una de las pocas obligaciones que comporta la pobreza, aparte de eso pocos lujos podrá darse… Hacer la compra será para usted una aventura. Disfrutará entre tanta comida del supermercado y acabará sintiéndose usted un privilegiado.

A la carne, probablemente se le apliquen impuestos especiales por contaminar, y por su bien y el de la Tierra, subirá el IVA del pollo y de la ternera hasta que solo algunos se lo puedan permitir. Solo unos pocos elegidos serán beneficiados con un vale de carne por semana hasta que sienta que es usted un privilegiado y de las gracias a Dios todos los días por tener un gobierno tan bueno. Cuba o Venezuela pueden ser un buen ejemplo de como se empieza en estos temas y de como se acaba.

Llegados a este punto no podríamos comer nada porque todo contamina, pero ¿cómo vamos a mantenernos con vida? Tengo que admitir que sobre este extremo la Organización Mundial de la Salud no ha dicho nada en concreto y me temo que no tiene nada previsto. Su misión es velar por nuestros cuerpos, nada más, como la de la religión es proteger nuestras almas.

 

Si comer mata y no hacerlo también, si podemos morir por beber agua contaminada  y no beberla también, si respirar en la calle mata y no hacerlo también; es un problema y la solución depende de usted, no del Gobierno. Su única obligación es avisarnos de cuáles son nuestros enemigos, no protegernos de ellos, como sabiamente hace el Catecismo y no condicionar  la libertad de comer lo que a usted le venga en gana.

 

Creanme…. Tenemos suerte de que el jamón no sea carne. Si así lo fuese seguro que algún político estaría dispuesto a prohibirlo para demostrar el cariño que nos tiene y de paso demostrar a todos que tiene el poder necesario para decidir lo que tienen que comer los demás.

 

Decía el Quijote “la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra”

 

Diego de Haro