El silencio californio, ‘desde el objetivo’ de Ángel Maciá

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La Procesión del Silencio es la más austera y a la vez solemne de las procesiones californias , la única en la que un cristo en la Cruz  (Cristo de los Mineros, realizado por García Talens en 1958) forma parte de una procesión california, llenó este pasado jueves Cartagena por la noche de oscuridad, oración, silencio, y solemnidad.

Marcando el ritmo del desfile solo un tambor destemplado al comienzo de la procesión, los penitentes alumbrándose con la iluminación de cera de hachotes, con el golpeteo rítmico golpeteo de los hachotes contra el suelo, el golpe seco de los martillos de órdenes de los capataces de los tronos, etc, resulta ser una procesión llena de sencillez y multitud de matices, minutos antes de comenzar el desfile, en el interior de la iglesia de Santa María, se rezaba y leía el reglamento que rige la procesión, con las normas que deben cumplir penitentes y nazarenos que participan en ella, este reglamento fue elaborado en 1928, así contempla que todos los participantes en el desfile, con la excepción del hermano mayor y del capellán, deben llevar el rostro cubierto y deben mantener un absoluto y riguroso silencio.

Uno de los artículos del reglamento dice lo siguiente:

Desde el momento en que quede hecha la formación, se procurará no hablar y desde el momento en que se salga por la puerta de la Iglesia hasta la terminación de la Salve, queda terminantemente prohibido hablar con personas del público, ni Hermanos, debiendo considerarse el hecho de faltar a esta prohibición como una desatención al resto de la Hermandad.
También quedará prohibida durante la marcha y en las paradas que se hagan, volverse a mirar hacia atrás o a los costados, no debiendo en ningún momento perder el frente de marcha.
También se tendrá muy en cuenta no hacer caso de ninguna observación o palabras que les dirija cualquier persona del público.