El Tabernero “Pillico”
Nos ubicamos en la Cartagena de 1611, a comienzos del siglo XVII, un año complicado por la sequía. La falta de lluvia hacía estragos en una ciudad ya maltrecha por las disputas y enfermedades venidas del mar y las gentes se apresuraban en disfrutar del líquido elemento en cuanto podían. No es extraño que en ese mismo año y según nos cuenta Juan Manzanares en sus “efemérides” el Cabildo acuerda procesionar el Cristo de la Catedral (Vieja) hasta la ermita de Santa Lucía para implorar que lluvia hiciese acto de presencia en nuestra ciudad.

Fig01. Cartagena Siglo XVII
Los lugares preferidos para saciar la sed de esos antiguos cartageneros los encontramos, como no, en las tabernas; próximas a la zona portuaria (hoy Calle Mayor, Puertas de Murcia, aledaños de la Calle Real, ect) se establecían una serie de tabernas en donde poder disfrutar de una buena jarra de vino, carne y queso.

Fig02. Taberna típica siglo XIX (Málaga)
Pero cuando la ronda de esas jarras de vino llegaba a un número de dos cifras era muy habitual que los taberneros cada vez pusieran menos líquido en su interior; nadie era consciente de tal cosa debido a los diferentes estados alterados de conciencia que experimentaban disfrutaban de compañía y degustaban suculentos manjares. O, eso creían los dueños de estos negocios, que no se daban cuenta.
De nuevo en este año de 1611, tal día como hoy 22 de febrero, encontramos una queja formal al alcalde por parte de los vecinos, indicando en ella que eran engañados por los taberneros con las medidas de las bebidas. Por ese motivo y para comprobar que la denuncia era cierta se encargan desde el ayuntamiento 40 jarras con la medida correcta (media arroba, unos 6 litros) para que la policía, los alguaciles, las llevasen y comprobase que cantidad era la que esos taberneros “pillicos” suministraban a sus clientes.

Fig03. Arroba de Vino
Esta medida hizo que desde entonces, cuando el tabernero quería ahorrar mercancía, mezclase agua y vino, creando la ilusión de estar consumiendo vino realmente.
Escrito por Santi García
Resonsable Rutas Misteriosas, escritor de Cartagena Legendaria.
