“DE LA PROPIEDAD PRIVADA Y EL DERECHO A DEFENDERLA”, el dominical de Diego de Haro

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Últimamente se están ocupando viviendas en La Manga, y ya empieza a ser preocupante incluso para los afortunados que, de momento, ven este asunto de lejos. El temor de que alguien te robe la casa y de paso te la destroce se está haciendo un hueco entre las preocupaciones de los que un día decidieron invertir en esta tierra para tener en propiedad una casa de vacaciones.

 

Me comentan que la semana pasada unos jóvenes ocuparon la casa de un extranjero. Le avisaron sus vecinos de que en su propiedad había más de veinte despreocupados jóvenes bañándose en su piscina. Ha regresado de su país y para su sorpresa no es fácil hacerlos marchar… Por lo que parece pretenden pasar unos días con nosotros y disfrutando del mar y de la piscina de otro. El propietario, de momento está en la calle. Me imagino el disgusto y la mala imagen de nuestro país, al que jura no volver,  mientras ponía la denuncia, sabiendo que suelen pasar meses, a veces años hasta que un juez se la devuelva.

 

En la tele hablan de los “ocupas” pero no hablan de la solución, hablan de ellos como el que habla de un fenómeno meteorológico. Más que “ocupa” deberíamos hacer un uso más correcto del idioma y llamar ladrón al que roba la propiedad de otro, y dejar de blanquear con otra nueva palabra de esta neolengua impuesta e innecesaria, lo que es y siempre ha sido un robo.

 

Convendrán conmigo en que un país donde no se respeta la propiedad privada es un país acabado, porque siempre le faltará el aliciente de esforzarse para conseguir unos bienes que de otra forma se obtienen con facilidad; y sin esfuerzo, no hay progreso.

 

En nuestra Constitución Española, se reconoce el derecho a la propiedad privada, este punto hoy se respeta, pero con matices. Ahora se blanquea el delito de la ocupación sin reconocerla. Se le ha dado a lo que solo es un delito, un reconocimiento político, solidario y de reparto de miseria, creando un clima social proclive a la ocupación.

 

El respeto a la propiedad privada y la libertad están unidas y ambas son condiciones indispensables para la prosperidad. La propiedad privada es y ha sido el pilar en el que descansa el modelo de nuestra sociedad occidental y nuestra democracia.

Se podría decir que la propiedad privada y la libertad son la misma cosa. Llegando a tal punto en que no es posible la existencia de libertad sin el derecho a la propiedad privada.

Por todo lo anterior las Leyes han de defender ese derecho básico y establecer las medidas necesarias para que esta defensa sea efectiva. Desgraciadamente las crisis y la política por distintas razones y prioridades, están condicionando los presupuestos de seguridad del Estado, dejando, cada vez más, en precario la defensa de nuestros bienes y nuestra vida.

En la actualidad y por distintas causas, nuestra seguridad personal y la de nuestras propiedades corre más peligro que hace unos años, cuando esas causas no existían o lo hacían en menor medida. La defensa de nuestra propiedad ha de ser, por tanto, un derecho del que nadie debiera privarnos.

Convendría la modificación del Código Penal en lo que respecta a la defensa propia, evitando en la medida que sea posible lo descrito sobre la proporcionalidad en los actos de dicha defensa, así como la necesaria claridad de los artículos donde se describe, ya que no puede darse proporcionalidad si lo que se pretende es evitar con éxito un atraco o un crimen.

Créanme, si alguien de madrugada entra en su propiedad forzando una puerta y poniendo en riesgo su vida o la de los suyos, en lo último que pensará usted es en la proporcionalidad de sus actos. Solo estará haciendo uso del derecho a defender su vida y sus bienes y solo la desproporción de esa fuerza  puede hacerle salir victorioso de ese trance.

Por desgracia ese derecho natural a defender su vida o su propiedad puede hacerle acabar con sus huesos en la cárcel.

El escritor cubano, y sabe muy bien de lo que habla, Carlos Alberto Montaner  nos dice, “Donde no hay propiedad privada ni siquiera es posible la rebelión contra la tiranía“.

 

Diego de Haro