“Te has de ver como El Chipé”

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Historia de la muerte del delincuente y proxeneta de Cartagena El Chipé

Contexto Político-Social

Tras el fin de la Dictadura de Primo de Rivera, el Rey Alfonso XIII tenía la intención de volver a la normalidad democrática, volviendo al Régimen de la Restauración de la mano de la Constitución de 1876.

En abril de 1931 se celebran las primeras las elecciones municipales tras la Dictadura, el clima de las ciudades estaba absolutamente politizado y enrarecido y la conjunción republicano-socialista tenía ya mucha fuerza en la mayoría de las localidades.

El Rey vio en este plebiscito la oportunidad para ver, hasta que punto, el pueblo aprovechaba la vuelta al Régimen Constitucional.

Los resultados de estas elecciones, en las que, a nivel nacional los concejales monárquicos superaban a los republicanos, pero la conjunción republicano-socialista ganó en las principales ciudades, unido a los resultados que obtuvo al tantear a los poderes del Estado, hicieron que descartara su oportunidad de permanecer en el trono.

Reunió un pequeño séquito familiar y el 14 de abril llegó el Arsenal de Cartagena, desde donde salió de España sin tener ningún problema. “Conservo y sigo mis tradiciones” fue la frase con la que se despidió de sus mas allegados. Ese día se proclama la Segunda República.

Podemos decir, que hasta 1936, Cartagena permaneció tranquila, a pesar de que la Guerra Civil se sabía inminente y el ambiente nacional era de crispación.

Ese año, el típico y emotivo acto de “La Llamada”, en el que los granaderos desfilan por la Calle Mayor, se convirtió en una verdadera “batalla campal”, al encontrarse de frente con una manifestación del Partido Comunista.

Origen de El Chipé

Juan Vicente Fernández, gitano, nacido en Alhama de Murcia en 1903 y afincado en Cartagena desde el 1918, fue un delincuente y proxeneta, famoso en nuestra ciudad por las circunstancias de su muerte.

Su padre, Jose Vicente, se dedicaba al esquilado y trata de ganado, en la Plaza de los Carros (actual Plaza de la Alcolea), lugar de parada de los arrieros en aquella época.

EL origen del apodo Chipé, tiene su origen en la palabra “chipén”, propia de su etnia, que era utilizada como la acepción “bien hecho”. Jose Vicente, que se tenía en muy alta estima como esquilador, cuando terminaba con un animal, solía decir “me ha quedado chipé”, por lo que él y su prole comenzaron a ser conocidos por esa palabra.

Historial Delictivo

En 1918, su hermana Dolores se refugió en casa de sus padres y confesó no poder aguantar más los malos tratos por parte de su marido, Antonio Vargas (“El Lili”).

Antonio acudió con su padre en búsqueda de su esposa, pero no pudieron entrar a la vivienda. Cuando se marchaban, toparon con Juan Vicente y su hermano Sebastián. Se produjo una acalorada discusión en la que el Chipé asestó tres puñaladas a su cuñado, que acabaron con su vida.

En 1920, se encontraba con tres amigos en una taberna de San Antón. Los efectos del alcohol y una disputa acerca de quien iba a pagar la última ronda, le llevaron a disparar a dos de sus acompañantes y recibir varias puñaladas que lo dejaron gravemente herido. Le fue prohibida la entrada al Barrio y era expulsado por el sereno cada vez que pasaba por allí.

Desde su llegada a Cartagena, fue proxeneta del Barrio del Molinete. Tenía amedrentadas a las prostitutas, las amenazaba y les exigía dinero y servicios gratis a su antojo.

A finales de los años 20, comenzó a ser utilizado por la derecha cartagenera como “matón”, actividad que desarrolló con más intensidad durante la época republicana, protegiendo a las personas que pegaban carteles en épocas de campaña y realizando algunos “encargos” de poca monta.

Su interés, a parte de estar impulsado por sus ideas políticas, estaba directamente relacionado con la obtención de dinero y favores por parte de estas autoridades, cuando en el transcurso de sus fechorías era detenido.

Crímenes inimputables

Los asesinatos que son perpetrados por masas en estallidos de odio, que surgen de un subconsciente colectivo enfurecido por la situación política o social, no eran una novedad en el 36. Ya ocurrieron en esta Región durante la Guerra de Independencia, en casos como los del Regidor de Moratalla, Francisco Borja Pollo (Cartagena) y el Corregidor de Murcia.

Al estallar la Guerra Civil, volvieron a darse las condiciones necesarias, para que las masas se lanzaran a la calle y volvieron a repetirse este tipo de sucesos.

Estos asesinatos, en los cuales el sujeto ejecutor es “la masa”, en los que se puede decir que el criminal no existe, son muy difíciles de reconstruir por las diferencias en las versiones y siempre quedarán impunes.

La muerte del Chipé

El 17 de julio de 1936, el General Francisco Franco, inició el golpe de estado contra el Gobierno de la República después de trasladarse de Canarias a Marruecos de incógnito.

Transcurrieron dos días en los que el revuelo y los rumores dispares inundaban Cartagena.

Alrededor del mediodía del día 19 de Julio, el Chipé se encontraba entre la multitud de gente que esperaba noticias en la puerta de Capitanía General. Al escucharse que el golpe estaba triunfando, fue a celebrarlo a un bar del Molinete.

Cuando se supo que finalmente el golpe había fracasado, dos militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas decidieron ir en busca de Juan Vicente para detenerlo por traidor a la República y cómplice del levantamiento. A pesar de que intentó defenderse al darse cuenta de las intenciones, un golpe en la cabeza lo dejó semiinconsciente y fue apresado por dos cabos de la Guardia de Asalto, que lo trasladaron a la comisaría que estaba situada en la Subida de San Diego.

La noticia de la detención del Chipé se extendió velozmente por la ciudad, magnificándose los hechos en cada nuevo relato de los hechos.

La prostitutas, que llevaban años queriendo librarse de él y consolándose con una venganza futura, vieron cumplidos sus designios y ayudaron a que una gran multitud se reuniera en la puerta de comisaría, para exigir que se les entregara al reo para que pudiera ser ajusticiado.

Tanto los funcionarios como el Alcalde, César Serrano, se negaron y se designó al Concejal miembro de la CNT, Manuel Martínez Norte, para que lo trasladara en coche oficial a la recién inaugurada cárcel de San Antón.

A pesar de que el vehículo entró por la puerta trasera y consiguieron montar en el al Chipé, alguien, desde dentro del edificio, avisó a la multitud que se movilizó e impidió el avance del coche. Una multitud de energúmenos golpeaban el coche y lo intentaban volcar.

El Cenetista, algunos dicen que por evitarle el linchamiento al reo y otros que por tomar protagonismo, acabó con su vida de un tiro en la cabeza, después de decirle “Te voy a hacer un favor, Chipé”.

Una vez muerto, abrió la puerta del vehículo y lo entregó a la enfurecida masa. La mayoría abandonaron el lugar al ver que estaba muerto, pero un grupo de unas 300 personas, los más iracundos, ató el cuerpo por la cabeza y lo arrastraron por las calles de Cartagena durante horas, lo expusieron en la Calle Balcones Azules, para que todo el mundo asistiera a la humillación póstuma.

Lo arrastraron hacia la Calle Mayor, para que todas las autoridades derechistas vieran el final de “su matón”. Tras este recorrido, lo sumergieron el puerto.
El cuerpo estuvo flotando, ante las atónitas miradas de niños y mayores que nada tenían que ver con la masacre. Luego lo izaron para colgarlo en la terraza de los hermanos Sánchez, con el objetivo de que los ciudadanos vieran la consecuencia de delinquir o atentar contra el buen nombre de la República.

El macabro arrastre continuó hasta la puerta del surtidor del Batel, donde lo rociaron de gasolina y, de manera infructuosa al estar mojado, intentaron prenderle fuego.

Finalmente abandonaron el masacrado cuerpo en la Puerta de San José, donde a la mañana siguiente, fue recogido por miembros de La Cruz Roja, para darle sepultura en el cementerio de Los Remedios.