Ceuta es española porque en 1640 sus vecinos decidieron seguir siéndolo, en 1668 España lo firmó en un tratado, en 1860 se le pusieron fronteras más anchas, en 1978 la Constitución la reconoció como parte del país y, desde entonces, nadie —ni la ONU— la ha metido en el cajón de las «colonias pendientes de devolver». Vayamos por partes.
El origen de este repaso está en José Luis Gómez Barceló, una de las voces más autorizadas sobre la historia ceutí, y en las manifestaciones del pasado 2 de septiembre en defensa de la españolidad de la ciudad. ¿Conmemora esa fecha la conquista? No: los portugueses tomaron Ceuta el 21 de agosto de 1415, y el 2 de septiembre es el día en que el ejército regresó a casa dejando un gobernador al mando. Ceuta no celebra el asalto, sino el día en que empezó a funcionar como ciudad gobernada.
Antes había sido «de todo el mundo»: fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, visigodos, musulmanes. Una esquina del Estrecho que todos querían controlar.
De portuguesa a española (1415-1668)
Tras más de 160 años portuguesa, en 1580 Felipe II hereda la corona portuguesa por sucesión dinástica, sin guerra, y Ceuta entra con el resto del lote en la Monarquía Hispánica, denominación auténtica de la época para el conjunto de reinos que compartían rey conservando cada uno sus leyes.
En 1640 está la clave. Portugal se independiza por la fuerza y la mayoría de sus plazas le siguen. Ceuta no: decide permanecer bajo el rey de España por voluntad propia. Fue una elección de sus habitantes, no una conquista española. En 1656, Felipe IV concedió a los ceutíes la condición de «naturales de Castilla», y una carta de la reina agradecía a la ciudad su lealtad «en todas ocasiones».
En 1668, la paz de Lisboa pone por escrito lo que ya era un hecho. El tratado ordena devolver las plazas ocupadas durante la guerra, pero exceptúa Ceuta, que queda con el rey de España «por las razones que ya se saben». No las detalla, seguramente porque todo el mundo recordaba 1640.
Asedio y ampliación (1694-1956)
Entre 1694 y 1727, el sultán Muley Ismaíl asedia Ceuta durante más de treinta años sin tomarla. En 1860, tras la Guerra de África, el Tratado de Wad-Ras no discute de quién es la ciudad —asunto zanjado desde 1668—, sino que amplía sus límites casi hasta los actuales: la casa ya era tuya y se le añade jardín.
Hay una curiosidad textual. Las bases preliminares, firmadas en campaña cuatro días después de la batalla decisiva, hablaban de cesión «a perpetuidad y en pleno dominio y soberanía». El tratado definitivo, firmado en Tetuán y ratificado por ambos soberanos, suprime «a perpetuidad» y conserva «pleno dominio y soberanía», que ya implica permanencia. La expresión sí se mantuvo para el enclave que luego sería Ifni, una cesión más limitada. En ambas versiones la soberanía es plena y sin condiciones.
Durante el Protectorado (1912-1956), Ceuta y Melilla quedaron siempre al margen, con estatus propio, y así lo reconocieron los documentos de la independencia marroquí. Para entonces, Ceuta llevaba casi trescientos años siendo española, antes de que existiera el Marruecos moderno.
¿Colonia? La ONU y Gibraltar
Tras la Segunda Guerra Mundial, la ONU elaboró su lista de territorios no autónomos. Ceuta y Melilla nunca han figurado en ella; el único territorio vinculado a España que aparece es el Sáhara Occidental. Marruecos lo ha intentado sin éxito. Cabe una objeción: España no era miembro en 1946, y la primera lista se basó en declaraciones de las potencias coloniales. Pero la ausencia se ha mantenido en todas las revisiones posteriores.
Gibraltar sí está en la lista, porque el Reino Unido lo obtuvo en Utrecht (1713) mediante una cesión condicionada. Ceuta es otra cosa: un territorio cuyos habitantes eligieron ser españoles antes de que existiera incluso el concepto moderno de colonia.
De 1978 a hoy
Ceuta participó en el proceso constitucional de 1978, entró en Europa con España en 1986, con reglas fiscales especiales, y se convirtió en Ciudad Autónoma en 1995. Conviven en ella cuatro culturas —cristiana, musulmana, judía e hindú— y la inmensa mayoría de sus habitantes, sea cual sea su religión, se sienten españoles.
A finales de agosto, el ministro marroquí Abdellatif Ouahbi reivindicó la soberanía sobre Ceuta y Melilla, presentándola como «solución» a la crisis migratoria abierta el 30 de julio. Es la forma de presión que hoy se llama “revisionismo”. Pero los problemas reales de Ceuta no giran en torno a de quién es, sino a cómo sostener su economía (se la inyectan desde Europa) y gestionar su frontera.
En veinte segundos
1580: entra en la Monarquía Hispánica. 1640: sus vecinos eligen Castilla. 1668: queda firmado. 1860: se amplían sus fronteras. 1978-1995: democracia y autogobierno. Hoy: la ONU nunca la ha considerado colonia. Nada más, y nada menos.
Dr. Vicente Cepeda Celdrán
