Cartagena pone en valor la huella educativa de Benito García Soto y las Escuelas Graduadas

Las jornadas “Impulsa Cartagena”, celebradas en el Archivo Municipal, se convirtieron en un emotivo homenaje a la figura de Benito García Soto y en un espacio de reflexión sobre la importancia histórica y educativa de las Escuelas Graduadas, coincidiendo con el 125 aniversario de la colocación de su primera piedra.

El acto contó con la participación de personas cercanas a Benito García Soto, entre ellas Antonio García y José Antonio de las Heras, además de familiares y amigos que quisieron sumarse a este reconocimiento. Durante la apertura, se destacó su trayectoria no solo como docente, sino también como defensor del patrimonio, la cultura y la identidad de Cartagena.

A lo largo de la jornada se evocó su compromiso con la ciudad, recordando su implicación en distintas iniciativas sociales y culturales, así como su presencia constante en actos de memoria y reivindicación histórica.

Una revolución en la enseñanza

El docente e historiador José Antonio de las Heras contextualizó el nacimiento de las Escuelas Graduadas dentro de los profundos cambios que vivió Cartagena a comienzos del siglo XX. Explicó que la apuesta por la educación universal estuvo vinculada al desarrollo social y económico, así como a la mejora de las condiciones de la infancia en una etapa marcada por importantes desafíos.

Según detalló, la ciudad articuló una respuesta integral a través de instituciones como las Escuelas Graduadas, la Casa de la Misericordia y la Casa del Niño. Las primeras supusieron una innovación pedagógica inspirada en modelos europeos y americanos, con espacios amplios, luminosos y organizados por grados, lo que favorecía el aprendizaje y la relación entre alumnado y profesorado.

De las Heras definió las Escuelas Graduadas como un hito en la modernización educativa local, impulsado por figuras como Enrique Martínez Muñoz y Félix Martí Alpera, que situó a la ciudad en la vanguardia pedagógica de su tiempo.

Maestro dentro y fuera del aula

Antonio García ofreció una semblanza personal y profesional de Benito García Soto, recordando su etapa como director del colegio Azorín durante dos décadas y su estrecha vinculación con Molinos Marfagones, donde dejó una profunda huella.

Destacó su compromiso con la conservación del patrimonio del Campo de Cartagena, desde los molinos de viento de ocho aspas hasta las torres vigía, así como su implicación en iniciativas culturales y educativas. También se recordó su colaboración en proyectos vinculados al patrimonio arqueológico y su participación activa en asociaciones culturales, siempre con el objetivo de divulgar la historia y los valores de la comarca.

Un Museo de la Educación

Durante el encuentro se puso de relieve su papel como socio fundador y presidente de la Asociación de las Escuelas Graduadas de Cartagena, así como su proyecto para convertir el histórico edificio de la calle Gisbert en un Museo de la Educación. Esta iniciativa quedó recogida en un amplio trabajo de investigación que reflejaba su deseo de preservar y difundir la memoria educativa de la ciudad.

Las jornadas concluyeron con una reflexión compartida sobre la necesidad de mantener vivo el legado de Benito García Soto y de las Escuelas Graduadas, entendiendo que la educación, el estudio y la protección del patrimonio forman parte esencial de la identidad colectiva. La idea de que “la identidad de un pueblo se construye en la escuela y en la participación activa de sus ciudadanos” fue uno de los mensajes que marcó el cierre del acto.

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