Cartagena `desde la leyenda´. Julia y el pequeño Juan

Esta historia nos sitúa en sobre los años 70 del pasado siglo en el cementerio de Nuestra Señora de Los Remedios, en Cartagena. Una mañana de sábado aparece por los rincones Julia, una mujer que hacía poco había perdido a sus padres a causa de un cáncer ella y de pena él. Julia sentía la necesidad de estar unos minutos todos los sábados con sus difuntos para poder seguir soportando la reciente pérdida.

Uno de esos sábados, al dejar un ramo de flores a los pies de la tumba de sus padres se percata de que alguien la estaba observando. Era un pequeño niño, de muy corta edad, que la miraba fijamente y quieto. Ella no dijo nada y se fue. A la semana siguiente le vuelve a suceder lo mismo y a la siguiente exactamente igual, y es cuando decide preguntarle al pequeño si le pasaba algo o si necesitaba ayuda de algún tipo. El niño, que vestía unas ropas algo desaliñadas, le comenta que estaba solo y triste, que había muerto hacía tiempo y que su madre no había ido a verlo desde entonces porque su padrastro no la dejaba. Necesitaba ayuda para localizar a su madre y poder decirle cómo se encontraba.

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Julia se quedó petrificada y apenas pudo articular palabra, pero no salió corriendo. Más bien todo lo contrario y le preguntó al pequeño por su casa, por dónde vivía, para ver si podía ayudarlo de alguna manera. El chico le describió con todo lujo de detalles el lugar donde pasó su infancia, hasta el momento de su muerte, y por las descripciones Julia localizó una vivienda en la calle Macarena de Cartagena, hoy prácticamente deshabitada.

Sin pensarlo dos veces Julia recorre la calle y se documenta acerca de los vecinos que allí vivían, localizando a una señora muy anciana que vivía sola en el número 7 del piso 2 izquierda del inmueble. Cuando Julia llama a la puerta le temblaban las piernas y cuando la anciana abre la puerta, de una manera muy desconfiada, Julia le pregunta si le suena de algo el nombre de Juan Moreno. A la anciana en ese momento se le llenan los ojos de lágrimas y cae rendida; una vez dentro de la casa le comenta que sí conoce ese nombre, que es el nombre de su hijo que murió con ocho años de edad y que hoy tendría unos 62 años. Julia no daba crédito a lo que estaba leyendo e inclinándose hacia la anciana le coloca su mano en la cara y le comenta lo que fantasma del niño le había comentado.

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La anciana le pide por favor que la acompañe al lugar donde habló con su hijo y así lo hacen. Llevaban ambas sendos ramos de flores, uno para la familia de Julia y otro para el niño. Cuando localizan la tumba la anciana se derrumba delante de la sepultura gritando el nombre del pequeño. En ese momento Julia decide dejarla sola ya que es un momento muy íntimo y prefiere aprovecharlo para dejar el ramo de flores a sus padres. Cuando vuelve ve a la anciana caída sobre la tumba y comprueba que estaba muerta, pero con una sonrisa en la cara. De repente surge de la nada viento que se lleva el ramo de flores dejado para el niño. Julia interpretó que fue el mismo pequeño quien se llevó consigo a su madre y que el viento nos hace recordar que ambos son felices en el otro lado.

Desde entonces, cuando alguien deja un ramo de flores por el entorno de la tumba el viento se lo lleva consigo.

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Rutas Misteriosas y autor de Cartagena Legendaria

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