Hoy es uno de estos actos entrañables en los que participa toda la familia. En el nasciturus se presentan a los recién nacidos a la familia romana y cartaginense. Veamos en qué consistía este acto en la antigua Cartagonova.

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Resumiendo mucho el concepto sería como los derechos adquiridos al nacer dentro del seno de una familia romana (pues no todo los nacidos eran ciudadanos romanos).
En acto público todos los niños y niñas nacidos eran presentados ante la sociedad romana, y es entonces cuando se les asignaban sus derechos como ciudadano romano, se les daba un prenomen y cognomen así como un nomen por el que serían conocidos por todos.
Es curioso comprobar cómo para la sociedad romana el aborto estaba permitido puesto que hasta que el niño nace no era considerado sino como parte de la vida bilógica de la madre.
El nombre de este día era Dies Lustricus (día lustral) y, además de recibir el nombre el recién nacido recibía las lustratio, las ceremonias de purificación por las cuales serían ciudadanos romanos de pleno derecho. Para los niños se hacía el noveno del día desde su nacimiento y a las niñas el octavo.

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Quien hubiera hecho de matrona daba 3 vueltas con el bebé en brazo alrededor de una hoguera, lo cual se significaba que el recién nacido era admitido en la familia y consagrado a los dioses lares. Luego se derramaban sobre él algunas gotas de agua por aspersión. Tras ello un gran banquete se celebrara en las puertas de las domus, en cuyos dinteles se colocaba una guirnalda de olivo para los niños y una madeja de lana para las niñas, en clara referencia al trabajo que debían dedicarse de adultos.
Escrito por Santi García
