Si has estado, querido lector, en alguna de las experiencias de Rutas Misteriosas como por ejemplo Cartagena Misteriosa, me habrás escuchado hablar del arrabal de San Roque en la ciudad portuaria, desde donde prácticamente iniciamos la marcha, y también la dinámica de un hecho que siempre se repite: en los lugares en donde hay advocación o creencias en San Roque la enfermedad de la peste ha estado presente ya que se le considera el patrón de los apestados desde el siglo XIII cuando dedica su vida a cuidar a enfermos de peste, muriendo él mismo de esta enfermedad y provocando – al parecer – sanaciones milagrosas sobre algunos infectados. La leyenda nos dice que cuando se infecta y apartado de la sociedad (siglo XIV) se recluye en una cabaña a los pies de los Alpes construida por él mismo y que allí el único ser vivo que se le acerca era un perro que le llevaba panecillos en la boca y le lamía las llagas.
Fig01. Portada de la actual iglesia
La leyenda que os traigo esta semana se encuentra enmarcada en este silogismo pero no en Cartagena, sino en Alumbres, a poco más de 5 km de la ciudad; lugar en donde directamente nos encontramos con una ermita dedicada a San Roque y que a día de hoy es la Iglesia Parroquial.
Fig02. Parte lateral oeste
Ernesto Ruiz Vinader nos ilustra recuperando la tradición relacionada con Alumbres y nos recuerda que muy posiblemente este núcleo de población se encomendara a este santo tras las epidemias de peste que azotaron al entorno desde mediados del siglo XVII, aunque hay documentadas ya en el siglo XIV. Al parecer algún señor feudal sería sanado de peste tras rezar a San Roque, lo cual haría que en pago se erigiera la antigua ermita dedicada al santo.
Santiago García
Rutas Misteriosas y autor de Cartagena Legendaria


