Caer del burro

¿Te suena la expresión “caer del burro?. Pues esta expresión tiene su
origen en lo que le ocurrió a un monje del antiguo Convento de San
Agustín en Cartagena, al menos relacionado con nuestra ciudad
De este monje decían que era un hombre obeso, glotón, de costumbres
insanas, un poco vago y además muy avaricioso. No dudaba en persuadir a
los fieles para que se rascaran los bolsillos y llenaran bien el cepillo para
luego costearse sus lujos. Desde luego no era el ejemplo a seguir por el
resto de sus hermanos.
De la misma manera se decía que algunas de las tardes, cuando caía el sol,
tenía costumbre después de misa de ocho, pasear por el entorno del
convento de La Purísima y perderse por las estrechas calles que lo
bordeaban. Una de ellas separaba el almacén del convento de la calle
osario para subir a la Catedral Vieja. Este convento era de chicas y se dice
que acostumbraba a escalar para ver a las novicias desvestirse en sus
cámaras a través de las celosías de hierro de las ventanas. En ese lugar se
pasaba las horas muertas.

Acostumbraba a pasear en burro, un precioso burro blanco que solía dejar
atado a la pared del convento. Hacía pasar una auténtica fatiga al pobre
burro debido a su sobrepeso, aunque para escalar las paredes del
convento el sobrepeso no era un problema.

Alguno de sus hermanos le habían aconsejado que no relajara su Fe de esa
manera y que volviese por los caminos de Dios, a lo que él siempre le
decía que si dios quería algo de él que se lo hiciera saber.

Vaya que si lo hizo. Un Domingo de Ramos se encaminaba a paso cansado
de burro hacia el Convento de La Purísima y de repente se da cuenta que
puede ver a las novicias sin necesidad de escalar. Por un instante pensó
que desde el convento habían construido cámaras a más baja altura pero
muy pronto se percató que en realidad el burro estaba levitando con él
encima. Sin saber cómo había pasado, se hallaba suspendido en el aire a
varios metros de altura; entendió que aquello era fruto de un castigo del
cielo por su conducta, y en ese momento imploró a Jesucristo que le
perdonara. Justo entonces, aquel misterioso burro desapareció y el cura
se precipitó al suelo, aunque por fortuna para su integridad física cayó
sobre unos matorrales y sólo salió con algún rasguño y un pie torcido.
Y tu, ¿te has caído del burro alguna vez?

 

Santi Garcia: Rutas Misteriosas y autor de Cartagena Legendaria.

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