“EL BOTELLÓN DE NUEVO”, comienza la temporada veraniega

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Sanitarios tuvieron que acudir por la mañana a atender a varias personas con sintomas de intoxicación etílica.

Otra vez, un verano más y estamos igual. El botellón, ese eficiente destructor del turismo de calidad, el que gasta lo mínimo y empobrece las zonas turísticas por donde pasa, el que hace bajar los precios de las viviendas  donde aparece y acaba con la paciencia y la salud de los vecinos, este fenómeno social campa de nuevo a sus anchas y está otra vez entre nosotros.

Cabo de Palos fue en su día ese rincón donde la Region de Murcia podía presumir de turismo de calidad, donde la educación, el respeto y la convivencia eran la norma. Hoy todo eso está en peligro. El ruido, lo cutre, el olor a fritanga, la cerveza agria, el vomito por las aceras junto a los vasos rotos y sobre todo, el mal gusto, que sumado al  descuido de las infraestructuras publicas hoy lo están poniendo en riesgo.

Insistir en esto a estas alturas del verano no creo que sea normal, ni siquiera prudente, pero si no lo digo reviento. Por eso les pido de antemano que me perdonen los  que consideren que lo que les cuento sea un exceso.

El botellón no es más que el volver de forma compulsiva a los orígenes de nuestra sociedad, esa que el tiempo y la experiencia dejó atrás, buscado una que fuese mejor. Convendrán conmigo en que beber alcohol en grupos hasta caerse, tirar basura y hablar a gritos en la cara, no creo que sea digno de contar como un logro para una sociedad que se presume civilizada, más bien parecen los gestos de una tribu primitiva sin respeto a la ley ni a las formas.

Permítanme que dude de si este fenómeno de masas tiene algún interés económico que supere los daños que produce, principalmente a una zona turística o que pretende serlo.

Estas aglomeraciones de jóvenes bebiendo en la calle, ocupando las zonas publicas, las playas y plazas, dejando la basura sin ningún pudor por donde otros admiran el paisaje y pagan impuestos para mantenerlo, está creando un malestar que perjudica claramente el interés de los turistas por venir a visitarnos y pasar unos días con nosotros. Si el turismo es poder contar a un tercero la experiencia del viaje con una sonrisa, vamos mal.

El ocio nocturno ha pasado de los locales autorizados a la calle, con el descontrol que supone la desobediencia de todas las normas municipales. El consentimiento de las administraciones de este echo, solo se explica por el  desconocimiento, imposibilidad técnica o económica para evitarlo. Y solo queda plantearse cuales son las prioridades de las distintas administraciones en este asunto. Está claro que en ocasiones no coinciden con los intereses de los vecinos y el turismo de calidad que aún nos visita.

Este turismo de calidad que tanto necesitamos, se lleva la mala imagen de una zona sucia y ruidosa, donde encontrarse a un joven tirado en la acera con un coma etílico junto a un contenedor de basura sea también un recuerdo más del viaje, y parte de la educación de nuestros hijos. No creo que nadie quiera eso para el próximo sitio al que ir de vacaciones, aunque todo es posible… “yo he visto cosas que ustedes no creerían”

Si a todo lo anterior les sumamos el total incumplimiento de las condiciones sanitarias, debiéramos entender que esta inobservancia está poniendo en riesgo la salud de todos. Ésta al menos, debería ser la máxima prioridad de los siempre escasos medios policiales que disponemos para defender la Ley.

Los afectados por este fenómeno han de unirse en la defensa del valor de su propiedad y del cumplimiento estricto de las normas. Son las victimas de una mala gestión política que no consigue corregir este mal tan grande para tantos negocios y vecinos.

Visto lo visto decirles que no me tranquiliza la frase de Carl Sagan,  cuando decía “la extinción es la regla, la supervivencia es la excepción”

Diego de Haro