A veces las mejores ideas nacen sin un plan. Solo hace falta un grupo de amigos, unas zapatillas y ganas de despejar la mente. Así comenzó la historia de los Black Panzers, que pasaron de quedar para correr por las calles de Cartagena a convertirse en un club oficial con cerca de 90 miembros activos.

Lo que empezó como una simple excusa para hacer deporte pronto se transformó en una comunidad. Hoy ya no es solo un grupo de conocidos que comparten entrenamientos, sino un proyecto con identidad propia y una filosofía muy clara: correr para disfrutar.
En un entorno donde predominan los cronómetros, las marcas personales y la competitividad, los Black Panzers decidieron apostar por otra idea del running. Aquí no se busca al más rápido —aunque haya corredores experimentados—, sino a personas que entiendan que la experiencia mejora cuando se comparte. La conversación al terminar la ruta o planear la siguiente salida forma parte del entrenamiento.

El impulso definitivo llegó gracias a Pablo Tamayo, fundador y presidente, quien dio el paso de formalizar lo que hasta entonces era ocio entre amigos. Con el apoyo de los miembros, el nombre dejó de ser un chat de WhatsApp para convertirse en un club organizado.
Uno de los rasgos que definen al grupo es su funcionamiento horizontal. No hay jerarquías marcadas: cada integrante aporta su granito de arena y participa en el crecimiento del colectivo. Esa naturalidad ha permitido que el club aumente de forma constante sin perder su esencia.
Su seña de identidad son las “social runs”, encuentros sin presión donde el ritmo es lo de menos y lo importante es la compañía. Es habitual verlos por Cartagena y alrededores con su camiseta identificativa, un símbolo de pertenencia para quienes forman parte del proyecto.
El crecimiento también ha sido posible gracias al respaldo de patrocinadores que confiaron desde el principio y aportan ventajas para los miembros, facilitando nuevas actividades y objetivos.
Hoy, casi un centenar de jóvenes comparten kilómetros bajo un mismo nombre. No saben hasta dónde llegarán, pero sí cómo quieren hacerlo: sin prisas, con una sonrisa y disfrutando del camino. Porque para ellos correr no es solo deporte, es comunidad.
