‘A la contra’ , la opinión de Diego de Haro

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A veces le toca a uno estar a la contra, aunque ya empiezo a preocuparme, porque últimamente me toca estar a la contra más de lo que quisiera.

 

Las redes sociales, ya saben, esa mente colmena donde todos opinan y nadie reflexiona, donde si tu posición es contraria a la de la mayoría, te fusilan al amanecer con total impunidad, últimamente y con distintos padres, están convocando manifestaciones en defensa del Mar Menor. No seré yo el que esté en contra de su defensa, ni mucho menos, pero convendrán conmigo que puede haber distintas formas de defender a nuestro mar y a la gente que vive en su ribera y de su ribera. 

 

 

Esos lugares tan exóticos, como los mercados persas, donde se cambia la razón por la emoción, y el argumento por el insulto, burbujean hoy con los males de nuestro Mar Menor. Imagino que buscando soluciones, y consiguiendo de paso un argumento político que arrojarle al contrario a la cara. Estamos cerca de unas elecciones y cualquier cosa vale.

 

 Por todo lo anterior me gustaría hacerles llegar unas reflexiones que me preocupan últimamente.    

 

¿Creen ustedes que al vecino que ahorró para comprar una casa en el Mar Menor le favorece que hasta en el último rincón de la tierra sepan que su propiedad está rodeada de barro peces muertos y metales pesados? 

 

¿Creen que al pequeño empresario que regenta un bar y solo desea que la caja se llene como lo hacía antes, le favorece en algo que hasta en el último rincón de la tierra sepan que su propiedad está rodeada de barro, peces muertos malolientes y metales pesados? 

 

¿Creen que al empresario hotelero que  solo desea vender el mayor número de habitaciones y que la caja se llene como lo hacía antes, le favorece en algo que hasta en el último rincón de la tierra sepan que su hotel está rodeado de barro, peces muertos malolientes y metales pesados? 

 

¿Creen que a el viajero que pensaba venir a visitarnos  y recrearse con nuestros paisajes y nuestro mar, que solo desea la tranquilidad que sabemos ofrecerle, le favorece en algo para que tome la decisión de visitarnos  que hasta en el último rincón de la tierra sepan que su próximo lugar de vacaciones está rodeado de sucio barro, peces muertos malolientes y metales pesados? 

 

No crean que pienso que hacer nada sea lo más adecuado, ni mucho menos, pero entiendan que con esta “promoción” se le está haciendo mucho daño también a sectores y vecinos de la zona. Permítanme que dude que estas grandes manifestaciones traigan implícita una solución, solo son una protesta, pero sí puedo asegurar que el daño a la zona turística será cuantioso y evaluable y tendremos que sumarlo al pésimo estado del Mar Menor.

 

Diego de Haro