`Desde la Leyenda´. La Calle Santa Florentina

La Calle Santa Florentina

La calle Santa Florentina de Cartagena es una de las vías comerciales y peatonales más emblemáticas de su centro histórico. Su origen está ligado a la transformación urbana de la ciudad, pasando de ser un cauce natural de agua a una de las arterias principales del comercio tradicional cartagenero.

Antes de convertirse en la calle que conocemos hoy, este espacio era una rambla natural. El cauce discurría delimitado entre la antigua muralla de la ciudad y la tapia del convento de San Joaquín, sirviendo de vía de escape para las aguas pluviales que bajaban del monte del Molinete. Con el crecimiento de la ciudad y la posterior instalación del sistema de alcantarillado, las aguas se recondujeron de forma subterránea. Esto permitió urbanizar y pavimentar la zona, dando origen a la calle actual. Una calle vecina, la calle del Conducto, recibió su nombre precisamente por la infraestructura que recogía las aguas procedentes de Santa Florentina.

La calle adoptó el nombre de Santa Florentina directamente de la denominación que ya tenía la antigua rambla. Rinde homenaje a una de las figuras religiosas más importantes de la ciudad: una de los Cuatro Santos de Cartagena (junto a sus hermanos Leandro, Isidoro y Fulgencio).

A lo largo de su historia, el Ayuntamiento intentó cambiarle el nombre por el de Jaime Cubedo. Sin embargo, la iniciativa municipal no caló entre los habitantes y la denominación popular de Santa Florentina terminó imponiéndose de forma definitiva

Antes de la construcción de los mercados de abastos modernos, la calle Santa Florentina albergó el mercado municipal de la ciudad. Este consistía en un gran entramado de puestos ambulantes que, con el tiempo, empezó a presentar serios problemas de salubridad y espacio debido al crecimiento de la población. Esta situación forzó el traslado de los comerciantes hacia el definitivo mercado cubierto del centro.

El antiguo mercado ambulante de la calle Santa Florentina forma una de las páginas más pintorescas y complejas de la historia urbana de Cartagena. Durante el siglo XIX y principios del XX, tras canalizarse las aguas de la vieja rambla y urbanizarse la vía, este espacio se convirtió de forma espontánea en el epicentro del abastecimiento municipal.

La actividad se desarrollaba por completo al aire libre. Diariamente, decenas de vendedores instalaban endebles tinglados y puestos de quita y pon a lo largo de la calle peatonal. En ellos se comercializaban hortalizas del campo de Cartagena, carnes y pescados frescos desembarcados en el puerto. Aunque el mercado dotaba a la zona de un dinamismo comercial inigualable y una rica vida vecinal, su funcionamiento diario generaba serios problemas logísticos. Al no existir infraestructuras fijas ni sistemas de conservación adecuados, la acumulación de residuos orgánicos provocaba graves deficiencias de salubridad e higiene, lo que despertaba constantes quejas entre los residentes y las autoridades sanitarias de la época.

La situación se volvió insostenible con el crecimiento demográfico de la ciudad, que exigía un espacio moderno y regulado. Tras años de debate, la solución definitiva llegó en 1953, cuando se inauguró el edificio permanente del Mercado de Santa Florentina en la cercana calle Juan Fernández. Al trasladar allí a los comerciantes, se dio fin a los antiguos puestos callejeros. No obstante, el nuevo recinto techado heredó con orgullo el nombre de la vía que lo vio nacer, manteniendo vivo el recuerdo de aquel bullicioso mercado ambulante que transformó para siempre el carácter comercial del centro histórico cartagenero.

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