Un Centro de Resiliencia Operativa con más de 300 equipos a punto
El final del verano trae consigo algo más que el fin de las vacaciones en el sureste español: marca también el arranque de la temporada de lluvias torrenciales. El calor acumulado en el Mediterráneo y las bolsas de aire frío en altura forman la combinación perfecta para que se generen danas, un fenómeno que la Región de Murcia conoce bien. Este año, los municipios cuentan con un aliado nuevo: el Centro de Resiliencia Operativa (CRO), puesto en marcha por Veolia Región de Murcia.
Ubicado en el Polígono Industrial Cabezo Cortado de Murcia, el centro coordina recursos técnicos, humanos y logísticos para actuar con rapidez ante cualquier emergencia que afecte a los servicios de agua que presta la compañía, que en la Región alcanzan a más de un millón de personas. Su alcance, sin embargo, va más allá de las fronteras murcianas: el CRO puede movilizar sus medios a otros territorios como Andalucía, Cataluña, Baleares o Extremadura cuando es necesario.
La instalación de Cabezo Cortado dispone de más de 300 equipos: cinco plantas potabilizadoras contenerizadas de ósmosis inversa, dos plantas de ultrafiltración, 48 depósitos portátiles de agua potable, 34 bombas, siete grupos electrógenos, estaciones de filtrado, sistemas de aireación y oxigenación, equipos para tratamiento de fangos y 168 dispositivos de instrumentación y control. A ellos se suman más de un centenar de equipos adicionales que Veolia pone a disposición del centro desde otras ubicaciones del país.
El director territorial de Veolia en la Región de Murcia, Juan José Alonso, resume la filosofía del proyecto: «el CRO funciona cada día con la vocación de estar preparados antes de que llegue la emergencia». Y añade: «en un contexto en el que los episodios climáticos extremos son cada vez más frecuentes, nuestra responsabilidad es anticiparnos, reforzar la capacidad de respuesta de los municipios y garantizar la continuidad de un servicio esencial como el agua».
Aunque cada municipio gestiona su día a día con medios propios, el centro actúa como una segunda capa de seguridad cuando hace falta una respuesta más especializada o urgente: un fallo eléctrico, una avería grave, una sequía, un problema de calidad del agua o una emergencia climática.
La lección de la DANA Alice
La DANA Alice del pasado octubre dejó claro por qué merece la pena tener este tipo de estructura. Las lluvias dañaron uno de los canales que abastece al Campo de Cartagena y al Mar Menor, obligando a cortar el suministro en San Javier y Torre Pacheco. La respuesta exigió coordinar varios frentes a la vez: minimizar el impacto en la población, organizar suministros alternativos, trabajar junto a ayuntamientos y autoridades sanitarias, atender a usuarios críticos y recuperar redes y depósitos, todo ello sin perder de vista el control constante de la calidad del agua.
El director del centro, Juan Antonio Imbernón, explica en qué consiste realmente el trabajo previo: «una de las claves del CRO es que no sólo dispone de equipos preparados, sino que permite saber en cada momento qué recurso se necesita, dónde está, en qué estado se encuentra y cómo puede movilizarse de la forma más rápida posible». Y subraya: «ese trabajo previo de revisión, mantenimiento, inventario y coordinación es lo que permite que, cuando llega una emergencia, la respuesta sea mucho más ágil y eficaz».
Por qué empieza en Murcia
Que este primer centro se ubique en Murcia no es casualidad. La Región lleva años conviviendo con la escasez hídrica, la reutilización de recursos y episodios meteorológicos extremos, una experiencia que la convierte en un punto de partida natural para un modelo que Veolia ya extiende de forma progresiva a otras zonas del país. Para los municipios donde opera la compañía, contar con este respaldo se traduce en menos interrupciones y una recuperación más rápida cuando surge un problema. Para Veolia, es una forma de poner su experiencia técnica al servicio de un contexto donde anticiparse ya no es una opción, sino una necesidad.



