´Desde la leyenda´. Tragedia en el Castillo de San Julián

Nos encontramos ante uno de las fortificaciones modernas más conocidas y visitadas por los amantes de la historia militar. Datada entre los siglos XVIII y XIX pasó a la Historia de Cartagena por un suceso accidental y aislado que acabó por completo con la propia construcción en el año 1.898 y por el que el destacamento encargado de su custodia encontró una muerte súbita e inesperada. Hace más de 120 años que se produjo la voladura accidental del Castillo de San Julián.

En esta construcción, que junto con Los Moros, Atalayas y Galeras configuraban una red de defensa en el perímetro exterior de la ciudad, tuvo una inesperada voladura a la par que espectacular, lo que provocó la muerte a una decena de personas y más de 60 heridos de diversa gravedad que se encontraban en el lugar. Según las investigaciones llevadas a cabo por Manuel Rolandi, siguiendo fotografías y documentos de su abuelo Enrique Rolandi Pera – quien realizó un reportaje fotográfico del desastre – fue en el taller de proyectiles donde el viernes 20 de mayo de 1898 un error al parecer humano hizo estallar todos los artefactos que dejaron en estado ruinoso la propia fortificación.

Ciertamente hemos podido comprobar, a través de los testimonios provenientes de la tradición oral y antiguos militares que han contactado con nosotros como es el caso de D. Fulgencio Cano, que en más de una ocasión en ese lugar han podido presenciar la aparición de energías y han podido escuchar ruido de bombas, disparos y gritos de personas agonizando. Según estos testimonios llegaban a buscar y seguir esos gritos hasta las estancias de los antiguos talleres, el lugar donde se produjo la voladura accidental. Pero no veían a nadie; en más de una ocasión han tenido que disparar a la nada por miedo de ser atacados a altas horas de la madrugada, aunque sin llegar a impactar con ningún objetivo.

Sin duda alguna nos encontramos ante otro caso de impregnación auditiva en donde las energías de esta decena de soldados y su repentina muerte han quedado “enganchada” en el lugar. Tal vez necesitan que alguien les dé una sepultura digna o que la memoria de estos hombres no quede en el olvido, o que se conozcan las causas de la “accidental voladura” para poder descansar en paz.

Siguiendo el caso de Andrés Betancourt pudimos atestiguar que, en efecto, el día que le tocaba guardia en el Castillo de San Julián sabía que era una montaña rusa de emociones. Conforme llegaba el atardecer y la noche comenzaba a caer, los sonidos comenzaban a entrecruzarse y mezclarse. Es cierto que en muchas ocasiones estaban sugestionados y que ellos mismos podían producirse esas “alucinaciones”, pero en otras muchas para nada eran estímulos provocados por su propio cerebro. Nos recuerda una tarde en concreto en la que estaba en el interior de las instalaciones realizando inventario y comenzó a escuchar su nombre; al principio hizo caso omiso a las llamadas de “…¡Andrés!, ¡Andrés!..” . Al poco tiempo notó cómo alguien le tocaba el hombro, de la misma manera que saludaba un amigo suyo y se giró para devolverle el saludo…no había nadie. De repente la puerta se cierra y oye cómo la cerradura se queda puesta. En todo momento Andrés creía que le estaban gastando una broma y por ello no le dio más importancia y siguió con su trabajo hasta el momento del cambio de turno en donde, al intentar abrir la puerta comprobó que seguía cerrada.

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Comenzó a gritar y golpear para que le abrieran y escuchó tres fuertes golpes sobre la puerta, que venían desde fuera, y uno muy fuerte que venía desde dentro, desde el mismo lugar en donde él se encontraba, pero que no había sido “nadie”…o al menos nadie que él pudiera ver. Al cabo de un buen rato abre la puerta un mando superior que llevaba casi 45 minutos buscándolo y le pregunta que qué hacía allí encerrado. Cuando Andrés le comenta que le habían gastado una broma muy pesada su superior le contesta que no podía ser, pues esa tarde estaban ellos dos solos y que él (su mando) se encontraba en las afueras de la construcción todo el tiempo.

Santi García, Rutas Misteriosas y autor de “Cartagena Legendaria”

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