La alcaldesa conserva la Alcaldía con 13 votos en contra y 12 a favor, pero sale de la jornada sin socios de gobierno y con el mandato en precario
El Salón de Plenos del Palacio Consistorial de Cartagena ha sido este martes escenario del episodio político más turbulento de la legislatura. La moción de censura contra la alcaldesa Noelia Arroyo ha fracasado por un solo voto de diferencia —13 en contra, 12 a favor—, pero el resultado esconde una crisis de proporciones mucho mayores que el simple recuento final.
Cómo se llegó hasta aquí
La moción fue registrada el 19 de mayo por Movimiento Ciudadano, el PSOE y Sí Cartagena, con 14 firmas ante notario: las 12 de los tres grupos promotores y las 2 de Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo, dos exconcejales no adscritos procedentes de Vox. De haber prosperado, Jesús Giménez Gallo habría asumido la Alcaldía hasta las elecciones de 2027.
Durante días, la aritmética parecía favorable a la oposición. Pero la operación se desmoronó antes de llegar al pleno.
El giro que lo cambió todo
Los exconcejales Salinas y Sánchez anunciaron su retirada de la moción apenas unas horas después de que Arroyo firmara el cese de los concejales de Vox Gonzalo López Pretel y Diego Lorente como miembros del Gobierno municipal. La secuencia fue tan inmediata que resulta difícil leerla como coincidencia: la alcaldesa rompió el pacto de gobierno con Vox y, a cambio, los firmantes disidentes retiraron su apoyo. Una operación que dejó a la oposición sin mayoría y que marcaría el tono de todo lo que vendría después.
El resultado fue paradójico: quienes permanecieron leales al pacto de gobierno fueron apartados del Ejecutivo, mientras quienes habían promovido la ruptura de la estabilidad institucional se convirtieron en actores decisivos para la continuidad de la alcaldesa.
Más de una hora de bronca jurídica antes de empezar
El pleno no arrancó con el debate político, sino con una disputa procedimental que se prolongó más de una hora y que dejó en evidencia el nivel de crispación acumulado. El portavoz del PP, Ignacio Jáudenes, exigió que la sesión no se celebrara, llegando a advertir que tomarían medidas judiciales «a sabiendas de que se está cometiendo un ilícito penal, es un caso de prevaricación». Fue el presidente de la mesa, Pérez Abellán, quien cortó el nudo haciendo uso de su voto de calidad para determinar que el pleno siguiera adelante y se procediera con el debate y la votación.
La escena no pasó desapercibida para la oposición. Giménez Gallo calificó la discusión de «sainete vergonzoso» y fue directo al señalar a la alcaldesa: «Arroyo ha sentado ahí al señor Jáudenes para presionar al presidente de la mesa para que no se debata la moción de censura». Su mensaje a la sala fue contundente: «Esto no es lo que se merecen los cartageneros, déjennos votar».
Los discursos: reproches cruzados y una alcaldesa que pide perdón
Arroyo optó por comenzar su intervención pidiendo perdón por el «bochornoso espectáculo que estamos viviendo», pero no tardó en endurecer el tono: advirtió que tomaría acciones legales y que la mesa podía ser impugnada, defendió la retirada de Salinas y Sánchez del Álamo, y concluyó con un «nadie tiene miedo».
El portavoz de Sí Cartagena, Juan Pedro Torralba, fue especialmente incisivo: «Está dispuesta a hacer cualquier movimiento para mantenerse en el cargo, no se puede hablar de estabilidad generando inestabilidad». Y añadió: «Si esta moción no prospera es porque se ha hecho una maniobra política para seguir en el cargo. Puede conservar la alcaldía pero no puede ocultar el fracaso de su gobierno».
El portavoz del PSOE, Manolo Torres, recordó a Arroyo que «cuando ha visto en peligro su sillón ha perdido la sonrisa», acusó al PP de responder a la moción «con insultos y coacciones» en lugar de argumentos, y le recordó que esta era ya la sexta crisis de su gobierno, instándola a tomar ejemplo de su compañero Ballesta, quien «puso por encima el interés municipal».
El portavoz del PP, Jáudenes, calificó a Giménez Gallo de «pequeño Napoleoncito» y afirmó que «el gobierno que hubiera salido de aquí no tendría programa».
Vox: expulsado del gobierno y salvador de la alcaldesa
El momento más cargado de ironía política llegó con la intervención de Gonzalo López Pretel, el portavoz de Vox al que Arroyo acababa de sacar del ejecutivo. Dejó claro que el pleno se celebraba «porque algunos nos hemos negado a aceptar que la mayor crisis política de la legislatura se cerrara por acto de magia». Reprochó la ausencia de Salinas en la sala, recordándole que «tenemos obligaciones como concejales, aunque alguno no sabemos a quién representan». Y lanzó un dardo al PP por haberles echado del gobierno para contentar a «los dos tránsfugas, que nos han traído hasta aquí hoy a vivir este bochorno».
Pese a todo, anunció que votaría no a la moción. Vox salvó así al mismo equipo de gobierno que optó por sacrificarlos para conservar el bastón de mando.
El resultado y lo que deja
Una vez agotado el turno de portavoces, los ediles votaron uno a uno. El resultado: 13 votos en contra, 12 a favor. Arroyo se mantiene.
Pero la victoria tiene un coste político evidente. La alcaldesa afrontará el tramo final de la legislatura gobernando en minoría, tras haber roto el pacto de gobierno con Vox. El mismo ejecutivo que salió victorioso del pleno es estructuralmente más débil que el que entró en la crisis. Sin socios, dependiente de apoyos puntuales, y con una oposición que, aunque derrotada hoy, ha demostrado que la mayoría absoluta del PP en Cartagena es historia.
Lo que ha quedado claro este martes es que el Ayuntamiento de Cartagena entra en la recta final del mandato con un gobierno en minoría, una oposición fracturada y unas lealtades que han demostrado tener precio. Las elecciones de 2027 están más cerca que nunca.
Resultado de la votación
- Votos a favor: 12
- Votos en contra: 13
