`Desde la leyenda´: “¡Virgencica, protégeme con tu manto!”

¡Virgencica, protégeme con tu manto!”

Si eres de Cartagena es muy probable que esta expresión la hayas escuchado de boca de tus abuelos o quizás seas tú quien la haya implorado en alguna ocasión. Es bastante habitual que se emplee muchísimo en Semana Santa y que surja justo cuando alguien ve pasar delante suya algún trono de una Virgen, a lo que también ira acompañado la correspondiente persignación1.

Aunque no lo creas es una expresión que se lleva en la forma de ser y en la idiosincrasia de Cartagena. La devoción que existe en esta ciudad por los santos, vírgenes y representaciones de Jesús van más allá de una mera muestra de fe. Los cartageneros hacen “suyos” a una determinada advocación de la Virgen, a un determinado apóstol o al mismo Jesús. Los consideran de la familia. De ahí las también muy típicas expresiones “El Jesús”, “El San Pedro” o “La Pequeñica”, esta última referida a la Virgen Dolorosa que procesiona en la madrugada del Viernes Santo, en la tradicional procesión de “El Encuentro” entre Jesús Nazareno y su Madre.

Y lo que con ella se pide es la protección y la interpelación de la Madre de Cristo ante los peligros y las desdichas de la vida de una persona. Otro lugar en donde se suele oír esta fórmula es en la Basílica de La Caridad, el templo devocional más importante de Cartagena a lo largo de todo el año pero más especialmente en Semana Santa pues, al ser la casa de La Patrona civil a perpetuidad de los cartageneros, todas las agrupaciones le hacen algún gesto, alguna reverencia a su paso por las puertas de la Iglesia.

Incluso tenemos esa expresión representada icónicamente en otro lugar de la ciudad totalmente oculto pero muy a la vista. Eso sí, tendremos que pasar el umbral del Cementerio de Los Remedios para poder apreciarla y situarnos en el Panteón de la familia Pedreño y Deu que, por cierto, fue Consiliario Californio (cofrade con cargo). Allí, pasando totalmente desapercibida vemos a una escultura diseñada por Carlos Mancha en 1875 (Hermano Mayor Californio) y llevada a la realidad por Francisco Requena. Ésta representa a una mujer que con su manto hacer el gesto de arropar y proteger a dos niños, que se encuentran durmiendo, uno de ellos sobre su hombro izquierdo y otro sobre su muslo derecho y regazo. Es el mismo deseo que se le pide a La Virgen con esta expresión. Esta escultura no es otra que la alegoría de La Caridad, una de las tres virtudes teologales. Llama poderosamente la atención la analogía expresión=alegoría ya que no es habitual que ésta se represente de esta manera, salvo en Caratgena.

La expresión pro sí misma la encontramos en una oración en donde este gesto es la clave

¡Oh manto de mi Madre María, protégenos y ampáranos de noche y de día del enemigo de nuestra alma!. Me cubro y cubro con tu Santo manto a mi familia y a todo el pueblo de Dios; haznos invisibles a los espíritus malignos y a sus agentes terrenales del mal. ¡Oh manto sagrado de mi amada Madre, sé el escudo protector del pueblo de Dios!. No nos desampares madre querida ni un solo instante en la batalla espiritual de cada día, que los rayos de luz de tu Santo manto nos guíen en la oscuridad y las tinieblas y nos iluminen el camino que conduce a la gloria eterna. Amén.”

El simbolismo está relacionado con el manto celestial y el color del cielo, que es, en definitiva lo que nos cubre y “protege”. Con normalidad ese manto aparece de color azul y representa la divinidad, la pureza y la humildad.

Según nos cuenta Francisco Lorca Ortega la primera vez que él escuchó esta oración, o alguna similar, fue en la coronación canónica de la Virgen de la Caridad, el 17 de abril del año 1923.

De la misma manera podemos establecer una conexión directa con esta expresión y una oración que se sólo se canta en Cartagena al término de cada uno de los recorridos penitenciales de Semana Santa, justo antes de que la Virgen correspondiente a cada día entre en Santa María de Gracia, donde se recogerá hasta el año siguiente. Nos estamos refiriendo a la tradicional Salve Cartagenera en la que se le pide su protección e intercesión con Dios.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra:
Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima! ¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen María!
Ruega por nos, santa Madre de Dios,
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén”.

Escrito por Santi García

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