En las siguientes líneas tratamos uno de los testimonios que hielan la sangre. Se trata de una enfermera del Hospital de La Virgen del Rossell que nos relata una de sus experiencias en sus primeros años como profesional. Para mantener la privacidad la llamaremos María.
“Yo era una enfermera novata cuando aquel chico llegó al hospital, estaba quemado no había nada que hacer, el chico había muerto por salvar a su hermano de las llamas y lo salvó arrojándolo por la ventana, pero a él se le cayó 2 pisos encima.
En aquel entonces me fui, con la médico forense hacer la autopsia bueno solo pasaba los materiales para hacer aquel procedimiento de disección.
Cuando ella comenzaba a sacar sus órganos, recibió una llamada que ignoró un par de veces, pero como insistían tanto decidió responder. Me quedé sola viendo al joven.
Me dio algo de escalofríos, pero estaba ahí parada frente a un cadáver, trague saliva y medio toque su cabeza y este movió la mano y cayó una pulsera de oro, la tome del suelo y la puse en sus manos nuevamente, me dijo que me necesitaban en otro lugar, salí de ahí y fui con un paciente que necesitaba una enfermera, después regresé y ya todo había terminado.
Al día siguiente en la jornada de noche, recibimos un cadáver, por curiosidad fui a la morgue y me quede pálida, pues era una de mis compañeras, que hace poco había entrado a trabajar conmigo y lo más perturbador fue encontrar la pulsera de oro del chico en su muñeca.
La forense me saco de la morgue, tomo un cigarrillo y me dijo que jamás le robase o quitase las pertenencias a un muerto, pues de lo contrario actuarían contra mí. Me contó una de sus vivencias en las que ella hizo lo mismo con una sortija que tuvo que devolver porque comenzó a soñar noche tras noche con las últimas horas de vida de la mujer a la que le quitó el abalorio. Tuvo que pedir semanas después del entierro en el Cementerio de San Antón que depositaran en el interior de la tumba el anillo, momento en el que pudo estar en paz tanto el espíritu como ella misma.
Solo moví la cabeza, la forense cogió la pulsera y la metió en el congelador donde estaba el chico.
No volví de nuevo a entrar a la morgue solo me quedaba afuera de esta a observar el procedimiento.
No robes a un muerto.
Santi García
Rutas Misteriosas y autor del libro Cartagena Legendaria
