Cartagena `Desde la leyenda´, El Pequeño Juan

Esta es una de esas historias que se cuentan en relación con lo que sucede en el cementerio de Los Remedios. Os voy a contar una historia que le sucedió a Julia Ortega, una mujer que en el año 1963 perdió en poco más de 6 meses a su madre y a su padre y que para poder llevar mejor la pérdida de sus seres queridos pasaba varias tardes a la semana en la tumba de ellos que, al parecer, estaba en las proximidades de la iglesia del interior del cementerio. Uno de esos días al lado de Julia se sitúa un niño de pocos años; no le dice nada, sólo se queda mirándola muy fijamente. A Julia le llama la atención pero no le da apenas importancia, y ella sigue con su rutina. La siguiente ocasión que Julia vuelve al camposanto le sucede lo mismo, y ella no le media palabra al pequeño niño; así pasaron varios días y cuando Julia consideró que ya eran muchos días sucediéndole lo mismo se acerca al muchacho y decide hablar con él.

Fig01. Tumba en donde se inspira la leyenda

Nuestra protagonista decidió probar a ver si localizaba a la familia del pequeño y decide ir a preguntar a esa calle para comprobar si alguien conocía o sabía de algún niño que hubiera fallecido por la zona. Al acercarse nadie sabía nada, nadie tenía constancia de que un niño pequeño hubiera muerto en esos días o en esos años. Sólo un señor llamado Lucas le comentó que en esa calle sólo recuerda que hacía ya muchos años murió un niño, el hijo de María García, que vivía en el segundo piso del número dos de la Calle Macarena. Armándose de valor Júlia decide llamar a esa puerta, a la casa de María.

Cuando llama al pomo la puerta se abre muy despacio y aparece casi de la nada una señora muy mayor, de unos ochenta años de edad, muy demacrada; con la voz entrecortada y tal vez un poco de miedo, le pregunta si el nombre de Juan Moreno le sonaba de algo. A María se le llenaron los ojos de lágrimas y se derrumbó en los brazos de Júlia, y ésta no sabía cómo gobernar el momento. Optó dejar que María se desahogara y cuando más o menos pudo de nuevo hablar le comentó a nuestra protagonista que, en efecto, Juan Moreno era su hijo, que murió con apenas siete años y que desde el día del entierro no había vuelto a ver la tumba de su hijo y que, de hecho, no recordaba donde estaba.

Júlia le comentó lo que le había sucedido con su el fantasma de su hijo y que, si ella lo consideraba oportuno, la acompañaba a ver de nuevo esa inhumación infantil. Al parecer, María no había vuelto al cementerio porque su marido no la dejaba, quien también había fallecido algunos años atrás. Por lo visto había malos tratos por parte de su esposo y Juan Moreno no era un hijo deseado, al menos por parte de él. También parecer ser que fue su padre quien asfixió al pequeño aprovechando una noche que dormía.

Ambas deciden quedar y acercarse al cementerio al lugar donde se le apareció el pequeño Juan y en donde estaba la tumba de su hijo. Cuando llegan justo delante del panteón María se pone a llorar arrodillada sin ningún tipo de consuelo. Le pedía una y otra vez perdón a su hijo; Júlia la quiso dejar algo de intimidad y decide irse a orar a sus padres. Justo cuando estaba llegando oye un ruido como si se hubiera caído un cajón; se dio la vuelta y vio el cuerpo de María tendido en el suelo. Rápidamente fue a socorrerla y cuando se acerca se da cuenta de que estaba muerta, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Júlia relacionó ese hecho con que su hijo Juan se llevó a su madre al más allá, donde hoy día siguen compartiendo sus vidas.

Desde ese momento Júlia cada vez que vuelve al cementerio acostumbra a llevar un pequeño ramo de flores y lo deja en la tumba de Juan Moreno; cada vez las deja un pequeño aire esparce las flores del ramo por el suelo del cementerio. Esto es interpretado por nuestra amiga como que es el pequeño quien recoge las flores y las esparce, en un acto de agradecimiento hacia la persona que haya dejado ese ramo en su tumba.

Escrito por Santi García

Responsable de Rutas Misteriosas, escritor de Cartagena Legendaria.

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