Cartagena desde la Leyenda, `Sucesos en el Castillo de San Julián´

Sucesos en el Castillo de San Julián

En esta construcción, que junto con Los Moros, Atalayas y Galeras configuraban una red de defensa en el perímetro exterior de la ciudad, tuvo una inesperada voladura a la par que espectacular, lo que provocó la muerte a una decena de personas y más de 60 heridos de diversa gravedad que se encontraban en el lugar. Según las investigaciones llevadas a cabo por Manuel Rolandi, siguiendo fotografías y documentos de su abuelo Enrique Rolandi Pera – quien realizó un reportaje fotográfico del desastre – fue en el taller de proyectiles donde el viernes 20 de mayo de 1898 un error al parecer humano hizo estallar todos los artefactos que dejaron en estado ruinoso la propia fortificación.

01.Telégrama de la noticia

Ciertamente hemos podido comprobar, a través de los testimonios provenientes de la tradición oral y antiguos militares que han contactado con nosotros como es el caso de D. Fulgencio Cano, que en más de una ocasión en ese lugar han podido presenciar la aparición de energías y han podido escuchar ruido de bombas, disparos y gritos de personas agonizando. Según estos testimonios llegaban a buscar y seguir esos gritos hasta las estancias de los antiguos talleres, el lugar donde se produjo la voladura accidental. Pero no veían a nadie; en más de una ocasión han tenido que disparar a la nada por miedo de ser atacados a altas horas de la madrugada, aunque sin llegar a impactar con ningún objetivo.

Momentos después de la voladura

Siguiendo el caso de Andrés Betancourt pudimos atestiguar que, en efecto, el día que le tocaba guardia en el Castillo de San Julián sabía que era una montaña rusa de emociones. Conforme llegaba el atardecer y la noche comenzaba a caer, los sonidos comenzaban a entrecruzarse y mezclarse. Es cierto que en muchas ocasiones estaban sugestionados y que ellos mismos podían producirse esas “alucinaciones”, pero en otras muchas para nada eran estímulos provocados por su propio cerebro. Nos recuerda una tarde en concreto en la que estaba en el interior de las instalaciones realizando inventario y comenzó a escuchar su nombre; al principio hizo caso omiso a las llamadas de “…¡Andrés!, ¡Andrés!..” . Al poco tiempo notó cómo alguien le tocaba el hombro, de la misma manera que saludaba un amigo suyo y se giró para devolverle el saludo…no había nadie. De repente la puerta se cierra y oye cómo la cerradura se queda puesta. En todo momento Andrés creía que le estaban gastando una broma y por ello no le dio más importancia y siguió con su trabajo hasta el momento del cambio de turno en donde, al intentar abrir la puerta comprobó que seguía cerrada.

Escrito por Santi García. Rutas Misteriosas y autor de Cartagena Legendaria.

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