“3.000 años de Historia”, la opinión de Diego de Haro

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 Las consecuencias de esta pandemia están siendo claras y muy variadas, suelen ser graves sobre nuestra vida y hacienda, este asunto del que les quisiera hablar, aunque lo parezca creanme, no es un asunto menor.

 

Comentarles que un vecino decidió, por alguna cuestión no confesable, visitar nuestro espléndido centro de ciudad, y por lo que me dijo, no supo encontrar donde poder aliviar esas ganas que a veces se vuelven prisas.

 

El reciente cierre de la hostelería ha supuesto también el cierre de los baños públicos que se situaban en cada esquina y que amablemente se ponían a disposición del transeúnte necesitado.

 

Hoy en día a los baños se les suele atribuir la característica de ser un espacio reducido y privado. En la antigua Roma y en nuestra querida Cartago Nova, los baños, mas conocidos en esa época como letrinas, eran espacios públicos que se usaban por varias personas simultáneamente. Esto ultimo se diferencia con claridad de lo que conocemos hoy en día. Aunque algunos ejemplos nos quedan muy parecidos a aquellos, imagino que será producto de la herencia cultural.

 

Las letrinas eran espacios públicos en los que se fomentaba, entre otras cosas, la comunicación entre individuos. Es más, en las letrinas romanas se llevaban a cabo profundas conversaciones acerca de la política, del gobierno, y el valor del sestercio… Del mismo modo, tampoco era extraño hacer negocios en ellas. Lo que para muchos significaría hoy en día una evidente falta de privacidad, en la antigua Cartago Nova se consideraba algo útil, así se aprovechaba el tiempo en el que uno estaba sentado y ocupado eliminando sus desechos, para llevar a cabo los negocios o criticar al gobierno, y todo esto entre una audiencia distraída pero acostumbrada al mal olor; todo ventajas.

 

Las letrinas publicas eran conocidas también como  foricae, no eran edificios vistosos, solo cuatro paredes en una superficie rectangular o cuadrada con una losa corrida a la altura adecuada y unos agujeros dispuestos en linea. Delante de esta, un espacio suficiente para dejar en el las compras u objetos que se portaran en ese momento. Debajo de ese banco corrían pequeños canales en los que el agua estaba siempre en movimiento. Esto mantenía el lugar limpio de residuos y malos olores. No solían tener puerta ni cerramiento alguno.

Los baños públicos de nuestra ciudad siempre han estado a disposición de los visitantes y ese servicio tan esencial nunca ha faltado en los últimos tres mil años… Hasta ahora, donde este virus y la imposición de nuestro gobierno nos ha dejado a todos y a todas sin poder satisfacer una necesidad tan imperiosa.

 

Confío desde la tristeza y el abatimiento, que lo ocurrido solo sea un breve paréntesis en nuestra dilatada y brillante historia, y espero que no acabemos por esta razón, echando de menos a esa grandiosa Cartago Nova donde los baños públicos nunca faltaron. Donde las prisas solo tenían sentido si eras perseguido por alguna fiera escapada del cercano anfiteatro.

 

Tres mil años de historia no pueden acabar así.

 

 

Diego de Haro

 

Pie de Foto: letrinas (Éfeso, Italia)